jueves, 7 de junio de 2018

152. El verdadero objetivo político del gobierno de Pedro Sánchez (y cualquier gobierno en España)

Pedro Sánchez ya es presidente y por fin tiene gobierno, que ha sido un éxito de crítica y público. La verdad, lo ha hecho de cine; desgranando uno a uno la larga lista de ministras, ha mantenido durante tres días la atención del país, solapando cada nombramiento con el siguiente sin dar tiempo al personal a formarse una opinión. Tirando poco de la cantera, sobre todo de los consagrados, dejó con  el culo al aire a todos los 'analistas' que adelantaban este o aquel nombre. Como todos estos 'analistas' se equivocaron, todos contentos y pocas críticas. Encima, amplia mayoría de mujeres (no hay duda que sabe leer el momento; aprended indepes) y un astronauta para Ciencia, que no se yo, que peor que lo que teníamos no será, desde luego, y que a lo mejor hasta lo hace bien, pero que no veo sentido a esta euforia. Que Pedro Duque no es un cientítfico sino un usuario; avanzado, pero usuario. Vamos, que es como poner a un enfermo crónico o a un multitrasplantado de ministro de Sanidad.

Y comprobar lo contenta que está la gente y las ganas que tiene de que esto cambie de una vez me lleva a otra cosa, esto:

En el gráfico, del CIS, los índices de stuación y expectativas políticas desde 1996. En 2009 hubo un desacople que no se ha cerrado. La realidad política no acaba de colmar las expectativas. Y esta es la crisis. Por el medio hemos tenido el 15M, Podemos, el cambio de monarca, el procés, el hundimiento del PP, y la cosa sigue. Todos contentos con las altas expectativas del gobierno de PS, pero la «cosa» podría volverse en contra si las expectativas no se igualan a la realidad advertida.



Os digan lo que os digan, penséis lo que penséis, como presidente Pedro Sánchez sólo tiene un objetivo político que cumplir: cerrar la brecha política de espectativas y realidad abierta en 2009. Si lo consigue, tenemos presidente para tres legislaturas. Si no lo hace, «la cosa» se lo comerá.

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La verdad es que estos 'índices' son bastante básicos. Siemplemente se pregunta cómo ven la situación política (respondiendo qu muy bien, bien, regular, mal, o muy mal) hoy y dentro de un año, y se poderan las respuestas sobre una escala de 0 (muy mal) a100 (muy bien). Luego se calcula la media artimética. No hay más. Es increíble que el CIS repitiera esta chorrada desde 1996 mes a mes, pero lo hizo, y es más increíble aún lo que viene pasando a partir  de 2009. ¿Está claro, no? Las expectativas de la gente a un año vista, son sistemáticamente peores que la situación percibida, y esto con independencia de que la situación percibida mejore o empeore. Alucinante.

Hay muchísima tela en ese gráfico tan simple.

1.- Nos recuerda la importancia y el valor de las series largas de datos, por muy chorras que parezcan. Siempre acaban demostrando su valor. (Un punto en favor del conservadurismo.)

2.- En detalle, a pequeña escala, las espectativas parecen despegarse de la realidad en periodos de incertidumbre (elecciones de 2004 y 2008, o como el año 2016, incertidumbre en cuanto al gobierno).

3.- ¿Por qué mejoran y empeoran en paralelo expectativas y percepción política? Es como si realmente el diferencial entre percepción y expctativas fuese una variable en sí misma. Es decir, que no establecemos las expectativas como una mejora objetiva independiente de la situación percibida, sino relativamente, dicendo: independientemente de lo bien o mal que me encuentro, quiero mejorar más o menos rápido. La variable de las expectativas funcionarían como una integrada de la percepción. Lo que es la aceleración a la velocidad.

4.- Queda la duda de qué tiene que pasar para cerrar la brecha. ¿Cual es el cambio que esperamos? Si (2+3) es como supongo, lo que esperamos es un cambio acelerado, algo parecido a una revolución. Más que este cambio o este otro, necesitaríamos sentir que las cosas avanzan, muy, muy deprisa. ¿Un cambio de régimen? ¿Es la señal sociológica del agotamiento del R78?







miércoles, 6 de junio de 2018

151. La Trampa de la Diversidad y la Izquierda Soñada.


Como me ha salido una entrada larguísima, he decidido poner un resumen, así os ahorro el trabajillo si no os interesa. 


Resumen: Os presento una crítica del libro recién publicado 'La trampa de la Diversidad' del narrador y periodista Daniel Bernabé sobre la banalidad de la nueva izquierda y la necesidad de recuperar los valores tradicionales que convirtieron sus políticas en hegemónicas tras la Segunda Guerra Mundial. La originalidad del ensayo no viene dada por las tesis que maneja sino por su marcado carácter narrativo, y es aquí donde tiene también su mayor interés, al permitirnos descubrir los valores y aspiraciones de esa izquierda criticada y soñada en la que se reconoce el propio narrador y que pretende representar.

1. La Diversidad y la izquierda. 
La trampa de la diversidad. Cómo el neoliberalismo fragmentó laidentidad de la clase trabajadora es un libro de una claridad expositiva que se agradece. Su propósito se resume ya en su mismo título, y la tesis central se repite a lo largo de todo el libro, pero especialmente en el Capítulo V, titulado, precisamente, La trampa de la diversidad
[Los subrayados son míos y los números de página van (entre paréntesis)]

Como consecuencia de la sobreexplotación e la diversidad, al quedar la agenda pública cada vez más ocupada por ese tipo de conflictos, tratados desde el prisma neoliberal, se da la sensación de que discutimos más sobre lo anecdótico que sobre lo efectivo. (133-134)

Las manifestaciones antiglobalización eran sin duda coloristas, pero en extremo poco operativas. Si bien había un criterio unificador, un rechazo difuso al globalismo capitalista, lo importante era mostrar una amplia diversidad de grupos, reivindicaciones y consignas. ... (VER NOTA AL FINAL)
Lo importante no era el objetivo de la protesta, inclasificable, siempre postergado, sino la portesta en sí misma, el happening, el que tal o cual colectivo quedara representado en el suceso, la heterogeneidad. (139)

En la práctica cotidiana, mientras que las injusticias materiales tienen menos peso en el debate público, los debates y conflictos en torno a la diversidad devienen una retórica inacabale sobre hechos intrascendentes que no alteran mínimamente ninguna estructura. ...
La clave está en entender el cambio de relación con la política, de algo ideológico a algo aspiracional, que el neoliberalismo introdujo a través de la clase media. Este cambio afectó a las luchas redistributivas con la cuña del individualismo. (153)

La tesis argumental, que tampoco puede considerarse original (por ejemplo, basta leer el resumen de Contra la postmodernidad, de Ernesto Castro), sí está suficientemente explicada a lo largo de todo el libro y creo que estas pocas líneas bastan para resumir los fundamentos del cambio paradigmático propuesto, que en el último cuarto del siglo XX habría llevado las reinvindicaciones sociales de la izquierda occidental desde lo material a lo simbólico. Este cambio provocado por «el neoliberalismo» habría conseguido relegar las viejas reivindicaciones redistributivas de la clase trabajadora. 

En la actualidad, con la popularización del pensamiento posmoderno, las protestas se habrían convertido en un fin en sí mismas, transformadas en festivales performativos que sólo persiguen la representación identitaria de aquellos que protestan, mejor cuanto más individualizada sea esta representación. 

Esta es la cuestión.

2. La Trampa del discurso.
Lo enseguida choca del libro es que el autor hace aquello mismo que denuncia. Bernabé renuncia explícitamente a descubrirnos las instituciones que operaron esta singularísima transformación, a identificar los agentes sociales movilizados por el neoliberlaismo para instrumentalizar a la clase trabajadora, o a concretar los cambios socioeconómicos operados.

Este no es un ensayo académico sino, a lo sumo un libro que desde la narrativa y lo periodístico pretende acercar y desentrañar la naturaleza de estos debates que pese a estar claros en la teoría no lo están tanto en la práctica. Pero éste es también un libro que toma partido, que expone unas opiniones y que cree que en el debate sobre la redistribución y el reconocimiento no se tiene en cuenta que el reconocimiento de la diversidad opera cada vez más como un producto aspiracional bajo las condiciones neoliberales. (152).

Bien, nada que objetar, pero el problema del libro no es que renuncie al academicismo o incluso a la originalidad, sino que renuncia a toda argumentación factual, basada en evidencias empíricas, globales o singulares. Bernabé evita en lo posible toda referencia a su entorno real, ese mismo entorno material que lamenta perdido para la izquierda. No analiza la situación de los partidos, sindicatos o incluso de la clase trabajadora que añora o asegura añorar, especialmente si se encuentra en su entorno social más cercano, y en su lugar construye un relato simbólico fundamentado sobre ejemplos singulares y casi siempre tomados de la sociedad norteamericana, como:
  • la quedada fumeta de Ruth Hole en 1929 en Nueva York con que abre el capítulo I; 
  • la voladura de un complejo residencial de san Francisco en 1972 que abre el caítulo II, 
  • el intrascendente encuentro del robot K5 con la activista Fran Taylor en San Francisco en 2017 que abre el capítulo III; 
  • o la absurda historia de Holland y Jeni de 2017 que incia el capítulo IV; 
  • etc. 
Y todo el libro está preñado de referencias a la cultura audiovisual, a las series de TV cuyas ficciones usa a capricho para representar y analizar la realidad social, a películas como Rambo III o Forrest Gump con las que Bernabé reinterpreta ad hoc la historia del último tercio del siglo XX.

Todo el análisis, casi siempre bien expuesto y en ocasiones perspicaz, se resiente por una increíble superficialidad. Por ejemplo, Bernabé analiza la muy interesante cuestión de cómo el militante de los viejos partidos dio paso a un nuevo activista (140), pero lo hace sobre evidencias tan vaporosas y discutibles como que: 'no era raro encontrar expertos en cultura arrebatada de tal pueblo precolombino pero que desconocían las condiciones laborales de la asistenta dominicana que limpiaba en la casa de sus padres de Pozuelo.' No sé cuántos expertos en cultura arrebatada precolombina puede haber en España, aunque imagino que muy pocos, siendo que en la compartimentada estructura departamental de las universidades españolas ni siquiera es una especialidad de la Historia sino más bien de la Antropología, pero lo que me pregunto es si Bernabé conoce a ese experto concreto en cultura precolombina cuyos padres en Pozuelo tienen una asistente dominicana, o simplemente se lo inventó todo para hacer categoría socioeconómica de una ficción literaria. 

Poco más adelante, Bernabé sigue ficcionando las categorías al retratar el antiguo ser comunista de 1978, del que dice que: 'vivía en su barrio', y que: 'seguramente tenía una ideas muy marcadas. Tomaba responsabilidades si así se lo requería el partido, aunque seguramente defendía con convicción...' Bernabé opone este ejemplo de comunista responsable y sacrificado al actual: 

...cuya formación será endeble, o bien basada en aforismos y citas que usa con soltura punitiva, o bien será un voraz lector escolástico, es decir, sin establecer nunca relaciones con su entorno y momento más allá de las que establecería un rabino que sabe de memoria la torá. posiblemente calificará de «posmo» e idealista a cualquiera que no ponga como objetivo inmediato la reactivación del Pacto de Varsovia. Su identidad no surge de su cotidianidad, de su contexto real, de su vida, de su ser comunista, sino que la adquiere, a priori, como un coleccionista haría con algún tipo de bien valioso. (145) 

Estos comunistas ejemplares, como la cajera y el consultor de Zara que según Bernabé ganan ochocientos y tres mil euros respectivamente, se consideran de clase media y admiran a Amancio Ortega (128), no tienen nombre ni apellido porque son arquetipos, tipos imaginados para representar esa clase media que se identifica con sus aspiraciones y no por sus necesidades reales. La cuestión, repito, es que Bernabé no creó estas personalides-tipo a partir de estudios sociológicos, resultados de encuestas, investigaciones periodísticas o simples entrevistas, sino como herramientas narrativas. Los análisis histórico y sociopolítico del libro de Bernabé son literarios. Sus descripciones sociales, aunque se inspiren en su entorno o en sus lecturas, no son reales, sino literariamente realistas, incluso costumbristas, y en el ejemplo del comunista «hoy», diría que posiblemente autorreferente, en cualquier caso, de ficción.

Cuando Bernabé advierte que su libro está hecho desde la narrativa y el periodismo, quiere decir que está hecho desde una ficción construida en referencia a una heterogénea colección de clichés y noticias publicadas, mayoritariamente, en la prensa americana, y en su propia inventiva.

Sobre todo, Bernabé evita cuantificar, y las pocas veces que se refiere a cuestiones contables es evidente que subordina la fiabilidad a la elocuencia del discurso. El primer aviso para quien lee llega pronto, en la página 39, donde afirma que la demografía europea se mantuvo: 'practicamente estable de 1500 a 1800', cuando lo cierto es que en esos 300 años la población de Europa se dobló (Allen, 1990), en significativo contraste con la situación de equilibrio malthusiano de los siglos medievales (Karayalcin, 2015). 

Y cuarenta páginas más allá (79) Bernabé vuelve a sorprender al afirmar con rotundidad que en los años ochenta los EEUU eran el segundo país donde el sector público tenía más peso en la inversión tras la URSS, aunque incuso sumando los gastos de Defensa los valores de inversión pública de los EEUU fueron del 3-4% (Debortoli y Gomes, 2014) similares o ligéramente superiores a los de otros países europeos del G7 pero muy inferiores a los de Japón (en torno al 9% PIB) y los países en desarrollo, que presentaban valores medios habituales entre el 5% y el 10%, llegando incluso al 20% en ciertos casos como Egipto (Frederick et al, 1995). 

Y en la misma página (79) Bernabé dice sin recato alguno que con Reagan la industria de defensa de los EEUU se desarrolló 'de forma exponencial', aunque según los datos del gobierno de los EEUU el gasto de defensa pasó de un 5,7% de media con Carter al 6,5% en el primer mandato de Reagan, o sea, una subida del 0,8% del PIB. 

En perspectiva histórica, la verdad es que desde la guerra de Corea hasta el fin de siglo XX el gasto militar de los EE.UU mantuvo una tendencia descendente, y si hay que señalar un umbral significativo, éste sería el 8% de gasto en los años justo despues de la II Guerra Mundial y que no se recuperó hasta que las tropas americanas  comenzaron a retirarse de Vietnam y dieron inicio los acuerdos SALT 1. En la década de los setenta el presupuesto de Defensa continuó bajando hasta alcanzar eln 5,5% en 1979, pero volvió a aumentar con la revolución iraní, en el último año mandato del presidente Carter, subiendo al 5,9 en 1980 y alcanzando el 6,8 el año 86, en la mitad del segundo mandato de Reagan. Un incremento del 1,4% del PIB en seis años es sin duda importante, sobre todo cuando venía a contrarrestar una tendencia histórica a la baja que duró medio siglo, pero sólo de un modo retórico puede ser descrito como un aumento exponencial. Es evidente que todo este contexto historico no es más que un incordio cuando el objetivo narrativo es personificar en el presidente Reagan la belicosidad neoliberal.

Incluso cuando se atreve a dar datos concretos, como en la página 80, Bernabé no va más allá de la wikipedia. El libro dice que la afilicacion sindical en UK, que superaba los 13 millones en 1979, año en el que Thatcher llegó al poder, y que: 'hoy apenas alcanza los 6 millones', que exáctamente lo que dice la wikipedia, y añade además el dato dramático de que hoy no queda un solo pozo de carbón abierto en Reino Unido, lo que sería cierto atendiendo a la noticia que también recoge la wikipedia. La cuestión es que las estadísticas oficiales del gobierno británico, bien fáciles de encontrar en Google, dicen que en el año 2016 quedaban todavía cinco pozos activos que producían unas 22k de toneladas de carbón, lo que desde luego es bien poco, pero es algo. En realidad, el 99,5% del carbón minado en UK en 2016, unas 4,2M de toneladas, fue sacado de explotaciones a cielo abierto, y en total la producción nacional todavía representaba ese año el 33% del consumo nacional. En cualquier caso, lo que estos datos puntuales esconden es que la minería de carbón de UK no dejó de perder mano de obra desde la década de 1920, tanto por como por la sustitución del carbón por otras fuentes de energía como por el incremento de productividad. Así que no, no fue Thatcher quién acabó con el empleo en las minas de carbón de Gales e Inglaterra. Como en tantas otras cosas, la decadencia minera de UK era una tendencia histórica de largo recorrido e ineludible. 

Las estadísticas oficiales de afiliación sindical del gobierno de UK también difieren de las noticias recogidas por la wikipedia, y en el año 2014, el último para el que hay datos oficiales, la afiliación había descendido por primera vez debajo de los 7 millones, un millón más de lo que dice la wikipedia. Quizás a alguien ese millón de afliliados arriba o abajo le parezca poca cosa, pero de mantenerse la tendencia moderada descendente de las últimas décadas (-0,75% anual), la cifra de seis millones de afiliados no será alcanzada hasta después de 2030. 

Sea como sea, la cuestión de fondo en ambos casos es la intrascendencia que para Bernabé parecen tener los datos económicos en su tesis. Pese a reclamar el regreso de una izquiera de clase, articulada siempre en torno a la redistribución de lo material (151) Bernabé no presta ninguna atención a la economía, a la demografía, a la estadística del cambio social, la tasa de matimonios, fecundidad, esperanza de vida, salud pública, educación, salud y seguridad laboral, tasas de empleo, feminización pública, contaminación ambiental, asistencia a oficios, relación entre patrimonio y renta, reparto del trabajo, evolución de la renta, etc., y sí son constantes a lo largo del libro sus referencias y reflexiones sobre las comunidades y reivindicaciones LGTB, LGBTQ, al veganismo, al gaycapitalismo, al antespeficismo, al antinatalismo, o a problemas como la sororidad, el hiyab, los movimientos anti-robots, el acientifismo, a todos los activismos habidos y por haber y a todo tipo de problemáticas y opciones identitarias que Bernabé dice repetidamente considerar muy respetables desde un punto de vista personal, pero a las que acusa de atomizar y distraer la acción colectiva de la izquierda real, sirviendo, si acaso de modo no deseado, al plan neoliberal.

3. El discurso soñado.
El libro de Bernabé es un ejemplo extremo de aquello que denuncia. Capítulo tras capítulo reivindica una izquierda que abandone los enredos identitarios y recupere la política redistributiva con una perspectiva de clase, y capítulo tras capítulo discute esas mismas cuestiones identitarias, sin llegar a definir en ningún momento cuáles son hoy las condiciones materiales objetivas de esa población trabajadora que reivindica o cuáles las metas históricas, sociales o económicas que deben dirigir a la izquierda. Hace continuos alegatos a la realidad pero desdeña todo empirismo y, frente al dato y la medida, desarrolla toda su retórica deconstruyendo anécdotas y ficciones, como uno de aquellos adivinos de la antigüedad que leían los hados en el vuelo de los pájaros y las entrañas de animales sacrificados.

Por ejemplo, el capítulo V, central en el libro y en la tesis de Bernabé, se inicia (119) con una convocatoria contra D. Trump en Washington de un anónimo neoyorquino, convocatoria que le permite deconstruir la inane naturaleza del activismo moderno. Hecho esto, remonta su discurso a Thatcher y Reagan, que en el imaginario de Bernabé fueron la némesis de la izquierda, auténticos señores de Mordor de esta nueva edad del neoliberalismo, y prosigue rápido con sus sucesores Clinton y, sobre todo, Blair y su Nuevo Laborismo, para concluir que: '...a partir de ese difuso momento de las dos últimas décadas del siglo XX todo empezó a cambiar'. (124) ¿Un difuso momento de dos décadas de duración? En fin, el cambio habría consistido en la sustitución de una clase trabajadora con una identidad fuerte (que más que votar laborista era laborista) por una clase media aspiracional de identidad débil y que por tanto sufre una angustia existencial, por lo que está ansiosa por diferenciarse: '¿Cómo se cura la clase media esta ansia de diferenciación? Mediante el mercado de la diversidad'. (125) 

Construido el referente global, Bernabé, nacido en 1980, pasa a describir el desplazamiento de los conceptos identitatrios, políticos e ideológicos en España en las dos últimas décadas del siglo XX deconstruyendo las series de TV Anillos de oro (1983), Turno de oficio (1986-1987) y Médico de familia (1995-1999), afirmando, por ejemplo, que: 'José María Aznar se parecía mucho más al doctor afable y televisivo que su oponente Felipe González, o al menos mucho más que el comunista Julio Anguita'. (127).

La cuestión que quiero resaltar es que toda esta difusa retórica de la trivialidad es consciente y expresa en el propio libro:

El interés aquí no es analizar la composición del mercado de trabajo, la capacidad real adquisitiva de los trabajadores y la desigualdad, sino hacer patente que los años de la burbuja inmobiliaria dieron el asiento definitivo a la identidad individualista y aspiracional (128).

Puesto que Bernabé renuncia a la medida y a la evidencia empírica, sus causalidades se construyen a partir de la pura casualidad. Como en el vuelo de los pájaros, cualquier hecho puede ser significativo. De modo especial, los sucesos curiosos y fuera de lo común se transforman en señales para el oráculo.

Una de las ventajas de escribir un libro desde la aproximación periodística y no desde la pretensión académica es que nos podemos permitir la conjetura. Una de las ventajas de la conjetura es que, en ocasiones, es útil para señalar algo sin necesidad de demostrarlo, ahorrándonos energías y tiempo en cuestiones secundarias y a menudo indemostrables. (48)

Bernabé enlaza a capricho los acontecimientos para conjeturar lo indemostrable a la vez que reivindica los ideales de la Ilustración y su racionalidad materialista, desmontada, dice, por culpa del posmodernismo. A este asunto dedica todo el capítulo II y buena cantidad de menciones a lo largo del libro. Dejando de lado que su anecdótica filogenia cultural de la modernidad ignora todo el movimiento romántico e incluso el idealismo filosósfico que entroncan lo que hoy se conoce como filosofía continental y el propio posmodernismo, Bernabé considera este movimiento como un instrumento cultural del neoliberalismo para destruir la ideología de progreso ilustrado y modernidad que, tras una primera fase de protagonismo burgués, portaba la izquierda. 

Es aquí, al enlazar el proyecto neoliberal de dominación con la apropiación cultural de la clase media donde las conjeturas y causalidades alcanzan un nivel conspiranoico. En la página 73, Bernabé apunta que ya en 1947, mientras el gobierno laborista de Attlee comenzaba a nacionalizar sectores industriales estratégicos de la economía británica, Hayek, Friedman, Popper y Von Misses se reunían en Suiza para dar inicio a la contraofesiva neoliberal. La Sociedad Mont Pelerin, el instituto Americano de Empresa, la Freedom House, la Fundación Heritage el Instituto Cato, el Instituto Manhattan o la Rand Corporation entre otras, generosamente financiadas por las grandes empresas, habrían sido las instituciones que mantuvieron vivo el proyecto neoliberal. 

En la página 77 dice que, ya con Reagan y Thatcher en el poder, el cambio socioecómico que acabó con los sueldos altos de los trabajadores (lo que él llama «modelo fordista») fue: 'más bien un objetivo buscado', y que se logró creando empleo para una parte de la sociedad muy determinada, en concreto de los sectores financiero, tecológico y comunicativo. Y enlazando la con la industria del cine, nos hace ver que si bien Los Goonies (1985) emprenden su aventura para frenar un desahucio: 'lo que arrastraba parte de la crítica y ferocidad de los setenta', un debutante Tom Cruise vivía días inolvidables con una prostituta en Risky Business (1983) trasladando a la opinión pública una catarata de los nuevos valores neoliberales con la excusa del entretenimiento. En la página 88 habla de 'un refinado sistema de persuasión política'. En la página 113 dice que los guionistas de la serie de TV Modern family, 'posiblemente con técnicos de marketing', utilizaban la diversidad simbólica para darle un aire progresista a su espacio. En la página 141 dice que el posmodernismo era bien el relato cultural del capitalismo tardío, bien un esfuerzo para socavar el capitalismo. Los ejemplos se suceden hasta que en la página 196 por fin habla abiertamente del marxismo cultural y el control de las universidades, si bien Bernabé defiende la versión opuesta en la que las universidaes estarían completamente penetradas por el neoliberalismo, salvo algunos departamentos: 'generalmente en los ámbitos de las ciencias sociales y la filosofía'. Termina así: 

...en el fondo la conspiranoia no es más que la impotencia para explicar desde fundamentos materiales un hecho, teniendo que recurrir a un deus ex machina maléfico que crea los conflictos, en este caso el del mercado de la diversidad.

Bernabé reivindica una izquierda que regrese a lo material y a lo redistributivo pero solo nos habla de márketing, de voluntades, de deseos, de aspiraciones, de conspiraciones, de simbolismos y de guerras culturales. Filosóficamente, Bernabé es un idealista, en él la materialidad es sólo un instrumento para el espíritu. Y en el fondo de todo el libro lo que late es el problema de la identidad. El revivalismo de Bernabé, su melancolía de los viejos valores, es solo un pretexto para apuntar la necesidad de dotar un nuevo ser a la izquierda, desgarrada por el neoliberalismo y la posmodernidad. El capítulo VII, que titula 'Atenea Destronada' en referencia a la vieja racionalidad ilustrada, lo dedica a los conflictos generados por la aculturación, y dice que: 'no es de extrañar que existan cada vez más grupos que busquen en lo tradicional un asidero de para su identidad débil'. (206) Y ya al final del libro, en el último capítulo que desvela por fin la naturaleza de esa izquierda soñada, restaurada, dice: 'La idea de que la política esté para darnos cosas, como si fuera una máquina expendedora de refrescos en la que apretamos un botón, es abyecta. (247) 

Por supuesto, esta identidad política que no se puede definir desde lo material solo puede referirse a un nuevo ser espiritual, porque: 'un indididuo no es un programa informático susceptible de fragmentarse y desfragmentarse, sino una entidad compleja, de una libertad restringida que parte de un entorno social que le marca insoslayablemente'. (240) 

No es extraño que la última serie televisiva que Bernabé elije para articular en torno a ella el capítulo final sea sobre la religión, y más en concreto, sobre la Iglesia Católica, en cuya Doctrina Social caben perfectamente las aspiraciones de Bernabé. Bernabé quiere recuperar al izquierdista por medio de la comunidad, una comunidad que en la página 214 identifica con los cinco millones de votantes a la izquierda en las últimas elecciones, evidentemente, a Podemos. Nos dice que todavía hay esperanza y que su libro es la prueba de que la hegemonía neoliberal puede ser disputada, aunque no pretende entrar en competición con el neoliberalismo, sino de seguir el ejemplo de El papa joven y construir la comunidad de izquierdas ajena al neoliberalismo. 

Bernabé, como un San Agustín, propugna una nueva Ciudad de la Izquierda, ciudad de los santos y mártires izquierdistas. Bernabé predica un renovado catolicismo (universalismo) de izquierdas, ajeno a los medios y a los datos, tras el gran arrepentimiento del posmodernismo. Esto es lo que dice el párrafo final del libro:

Las respuestas las tienen en una gloriosa tradición de políticos, teóricos, militantes, revolucionarios, filósofos, pensadores, escritors, músicos, pintores y poetas, mujeres y hombres, que nos dejaron un legado que recuperar, el de la modernidad, el del siglo XX, para ponerlo de nuevo en marcha conociendo los errores que nos han traído hasta aquí.

4. Número, discurso y complejidad.
A un mes de su puesta en el mercado, solo he encontrado una reseña de La trampa de la diversidad en el digital de MundoObrero, otra muy breve en el Diariode León, una aparición entre los más vendidos de El Diario de Navarra y la una crónica de la presentación del libro el 17 de mayo en Madrid, en el suplemento de Apuntesde Clasede LaMarea, que es el digital donde habitualmente escribe Daniel Bernabé. La trampa de la diversidad no aparece en las listas de más vendidos de los grandes diarios ni distribuidoras, no es un súperventas ni recibe el apoyo de un gran grupo de comunicación, es un producto para un público objetivo muy determinado, y tiene complicado romper las barreras de su nicho de mercado para convertirse en mainstrem. Así pues, el libro como producto se inserta en la misma lógica de división y especialización que Bernabé denuncia. 

Por otro lado, tampoco es impensable que el libro llegue a ser un éxito editorial, teniendo en cuenta además que la creciente segmentación del mercado ha relativizado mucho lo que eso significa. A su favor tiene que Akal es una gran editorial independiente madrileña, y como periodista en La Marea, invitado ocasional a Fort Apache y 24k seguidores entwitter, Daniel Bernabé tiene una audiencia respetable dentro de su potencial base lectora, interesados por la nueva política y el mundo activista, en el entorno de Podemos. Además, el libro evita todo tecnicismo y cuenta con el gancho de sus referentes mediáticos, películas y series de televisión, para conectar con el gran público y de este modo hace accesibles una buena cantidad de controversias de actualidad en esa compleja polémica guerra cultural global (En defensa de la intoleracia, de Slavoj Zizek; Ciudadanismo, de Manuel Delgado; Mistaken identity Race and class in the end of Trump, de Asad Haider, además del ya mencionado Contra la Postmodernidad, de Ernesto Castro, por poner cuatro ejemplos cualesquiera). Por último, y a pesar de su pesismismo sobre el presente, el libro emite un indeterminado mensaje de esperanza. 

En fin, puede que este libro entretenido e interesante, tanto por lo que pretende como por lo que representa, tenga una buena acogida en el mercado y hasta logre un cierto reconocimiento para el autor dentro de su izquierda. Pero más allá del éxito editorial, el libro es importante en la medida que expresa o quiere expresar y representar a esa izquierda a la que se dirige, y que el autor reconoce en esos cinco millones de votantes de Podemos en 2016. En este sentido, este libro no debe tratarse como un ensayo de ciencia social, sino como un libro político-religioso, y más que una crítica analítica requiere de una hermenéutica simbólica.

Para terminar, no me resisto a poner un sencillo ejemplo del problema fundamental planteado por Adorno y Horkheimer, de cómo organizar una sociedad con un sistema de ideas cerrado de menor complejidad sin caer en el totalitarismo. Bernabé enuncia de pasada este problema original de la posmodernidad en la página 44, si bien no pretende contestarlo y, simplemente, lo evita. Yo tampoco pretendo darle solución, al menos unsa solución global, sino solo plantearlo del modo más sencillo y, a diferencia de Bernabé, en términos materiales, históricos, con datos, aunque en línea con los intereses del autor. 

Ir al cine en la España de 1979, ese año en que Thatcher llegó al poder con un record de 13,2 millones de británicos sindicados, costaba unas 112 pesetas (Díez Puertas, 2003), y puesto que la renta per cápita era de 314.382 pesetas (Pastor, 2005), un español medio podría ver 2.807 películas al año. En 2016 la renta per cápita de los españoles era de 23.970 € (INE), y, a un precio medio de 6,01€, (ComScore, 2016) ese español medio podría ver en el cine 3.988 películas, casi mil doscientas películas más, lo que sin duda es una ganancia considerable. Lo interesante es que en 1979 en los EEUU se estrenaron 115 películas, por lo que en el caso de distribuirse también en España ese español medio podría verlas todas consumiendo un 4 % de su renta. En cambio, en 2016 se estrenaron 736 películas en losEEUU, de modo que ver todas las películas le supondría un 18,6% de su renta anual a ese mismo español medio, además de buena parte de su tiempo. 

¿Somos más ricos o más pobres? ¿Vivimos mejor o peor que nuestros padres? Según se mire, pero sin duda entre uno y otro año hubo un cambio sustantivo. Somos individualmente más ricos y socialmente más pobres. Hoy tenemos más renta, podemos ver más películas, pero la producción de películas ha aumentado tanto que resulta casi imposible estar al tanto de las películas que se producen, mucho menos verlas todas. Hoy, al igual que hace 40 años, ir al cine es un lujo para los más pobres, pero para toda la sociedad es mucho más difícil encontrar en el cine unas referencias comunes. 

En 1979, la mayoría de las personas de una comunidad, sobre todo en una sociedad tan pequeña y miserabilizada como la española, veía las mismas películas en el cine o en uno de los dos canales de televisión, leía los mismos libros y seguía una vida mucho más igualitaria u homogénea en muchos sentidos. Este es el marco material de la supuesta guerra cultural que evita Bernabé. No hay una mano negra dividiendo la izquierda, no hay una camarilla neoliberal dirigiendo el mundo, el cambio al que asistimos y que nos condiciona a todos es mucho más grande y potente de lo que ninguna élite puede dirigir. Es una ola que nos arrastra a todos y que, como mucho, tratamos de surfear con más o menos fortuna. Creo que esta ambición de surfear la ola y en general, de deslizarse impulsados por la inercia del momento, también el miedo a caer y verse arrollado (incluso de ser la puta ola, como hace poco escuché a un músico de Trap, al parecer famoso,) expresa mucho mejor la combinación de euforia y espanto del presente que el running (107), una de las referencias simbólicas que usa Bernabé para construir su relato. 

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NOTA FINAL

A la vista de lo que hoy sucede con el discurso globalizador en los países que Bernabé señala como vanguardia neoliberal, en Gran Bretaña con el Brexit y en los EE.UU. con el aislacionismo de Trump, parece cuestionable calificar las protestas antiglobalizadoras como inocuas. No me resisto a transcribir esta parte del discurso de Theresa May el 5 de octubre de 2016 en la convención de conservadora de Birmingham. Puede que se entienda mejor cómo los discursos antiglobalización han calado en la opinión pública permitiendo a la derecha ocupar el espacio que la izquierda creía suyo. (Tomado del libro O canastro sen tornarratos. David Rodríguez, 2018)

El referéndum no era solo un voto pàra salir de la UE. Se trataba de algo más amplio, algo que la UE había llegado a representar. Se trataba de un sentimiento profundo y, admitámoslo, justificado, que tiene mucha gente hoy de que el mundo funciona solo para unos pocos privilegiados y no para ellos.

Fue un voto no sólo para cambiar la relación entre Gran Bretaña y la UE, sino para pedir un cambio para siempre en el modo cómo funciona nuestro país y para qué personas funciona. Llamad a la puerta de casi que cualquier parte del país y descubriréis las raíces de la revolución que quedaron a la vista.

Nuestra sociedad debe funcionar para todos, pero si no puedes permitirte el ascenso en la escala de la propiedad , o tu hijo está estancado en una mala escuela, no sientes que funciona para ti.

Nuestra economía debe funcionar para todos, pero si nu salario se estancó durante varios años y una serie de gastos fijos no dejaron de subir, no sientes que esté funcionando para ti.

Nuestra democracia debe funcionar para tosos, pero si llevas diciendo que las cosas tienen que cambiar y tus quejas caen en vacío, no sientes que esté funcionando para ti.

Y las raíces de la reoluvión son profundas. Por que no fue el rico quien hizo los mayores sacrificios tras el crac financiero, sino la gente común, las familias de la clase trabajadora.



jueves, 31 de mayo de 2018

150. Militantes y activistas

Esta entradilla no pasa de una nota. Acabo de terminar La trampa de la diversidad, que es un libro que trata muchas cosas interesantes, aunque con muchos prejuicios. Daniel Bernabé, el autor, tiene buen olfato para captar las cuestiones del momento, aunque es estrepitoso en sus análisis. En fin. De cualquier modo es, ya digo, un libro interesante y muy ameno. 

Una de las cosas que plantea es la sustitución del militante por el activista, y quise comprobar cómo lo registraba Google Trends y Ngram. 

Y tal que así:



Está claro. El viejo militante decimonónico llegó a su máximo en 1980, y aunque en la academia (lo impreso) sigue mandando, el activista, prácticamente ígnorado por el público en 2004, es ahora el líder.

y eso es todo.



lunes, 14 de mayo de 2018

149. Generaciones literarias

Famosísimas generaciones literarias del 98 y del 27 en España. Entremedias quedó, relegada, la del 14. Luego vino la del 50, y a partir de ahí, con los novísimos, las generaciones literarias españolas parecen abandonar toda referencia numérica e incluso el concepto de genreación literaria parece pasar a mejor vida. 

Veamos. 

El concepto de generación literaria aparece en el siglo XIX, primero, según Ngram, en Francia, de donde se habría extendido al resto de países. También, en Francia, es donde el concepto llega antes a su máximo (en el periodo de entreguerras) y se agota. En el resto de países occidentales llegó en torno a la década de 1960, para decaer claramente tras la decada de 1970. 

En ruso parace haber otro comportamiento, con un marcado máximo entreguerras y una recuperación pero hay que tener en cuenta que hacia 1920 los bolcheviques revolucionaron (también) la grafía del ruso, y eso sin duda alterar los resultados en esas fechas y anteriores. En Alemania pasó algo parecido hacia 1900, lo que podría minusvalorar los datos previos. 


francés
inglés americano
 inglés británico 
italiano 
español

alemán


ruso


La idea de generación literaria es una aplicación concreta del mismo concepto sociológico de generación que iniciaron Dilthley o Compte. Por qué se desarrolló en el siglo XIX tiene que ver con la propia naturaleza de la modernidad, el noción de progreso científico (y literario), de vanguardia e incluso con la trivialización dl fenómeno de la modas, pero también con el crecimiento de la población y de la esperanza de vida, que comienza a generalizar entre la población la perspectiva del cambio social, del cual no solo participan como actores o espectadores, sino como víctimas. 

Más difícil es responder a por qué se abandona la idea de generación literaria, que posiblemente tiene que ver con ese mismo abandono de la percpeción de progreso y vanguardia. En definitiva, el 'fin de la Historia' y toda esa gaita.

Una última cosa. La referencia más antigua a una 'generación literaria' que he encontrado en español (tampoco he buscado mucho) es de 1869 y, como no!, en una publicación barcelonesa, en concreto, el Almanaque para 1870 del Diario de Barcelona:





Y muy interesante. Quizá lo  más interesante de todo esto. Atención al uso que el autor hace del concepto de 'generación literaria'  Me parece fundamenal para comprender lo que fue (y ya no volverá a ser) la literatura, y por qué las 'generaciones literarias' ya no son importantes.

1.- Lo usa para criticar, es decir, construir la propia crítica literaria, es decir, para establecer una literatura comparada, para construir una regla, un patrón. Comparando antiguos y modernos se genera un canon intemporal de lo que es la 'Literatura' con mayúsculas, universal, intemporal, de hecho, positivo como una ciencia.

2.- Mucho más importante, para unir Literatura y Política. La literatura fue el gran medio de comunicación  hasta la aparición de la radio, el cine y la tv en el siglo XX. Ficción o no ficción, los literatos fueron los grandes creadores de opinión del siglo XIX hasta los años 20 del siglo XX. Las generaciones literarias eran, también, generaciones políticas. Los logros de unos y otros iban parejos.

domingo, 14 de enero de 2018

148. Ferrocarril y esclavismo. El fetichismo económico.

Hoy voy a permitirme una disgresión histórico-geográfica de economía política. 
Son dos mapas de los EEUU en 1860, justo antes de la guerra de Secesión.

1. Mapa de ferrocarriles en EEUU en 1860



2. Confederación americana al principio de la guerra 1860

Y aquí 1+2:
3. División de los EEUU en la Guerra Civil y mapa de ferrocarril

El ejemplo es de libro para ilustrar algo que se ha olvidado por completo: la economía es solo una manifestación contable de la realidad, que es mucho más amplia. 

La división entre el norte y el sur no se explica, evidentemente, porque unos tuvieran ferrocarril y otros no. Ni se explica la secesión como una guerra entre dos economías o entre dos sistemas de producción. Fue una guerra entre dos sociedades que generaban dispositivos y personas distintas: plantaciones o fábricas, caballeros o banqueros, proletarios o esclavos. 

Hoy, los adoradores del becerro de oro confunden las medidas económicas con la realidad misma y creen que alterando las medidas pueden cambiar esa realidad; por ejemplo, que construyendo un ferrocarril pueden generar progreso económico o imitar esa modernidad que les gustaría tener pero que ni entienden ni saben a qué obedece (pongamos el AVE en España). Y no, claro, no funciona así. 

Por cierto, al acabar la guerra, Virginia, el estado clave de la Confederación y sede de su capital Richtmond, se dividió en dos: Virginia y West Virginia. Comparad con el mapa de arriba y veréis que la división sigue casi el trazo de la línea de ferrocarril. 


Ahora una pregunta: ¿Cuál de los dos, Virginia o West Virginia, creéis que era la parte esclavista y no esclavista del estado?

Pues no. 
(Os lo dije, no funciona así, no se puede deducir la realidad de lo económico)

miércoles, 20 de diciembre de 2017

147. 21D en Cataluña

No me resisto a una previsión de última hora para este 21D, las autonómicas del 155. 

1.- Los catalanaes votan (muy) distinto en las autonómicas que en las generales, pero siempre de la misma manera.

Y como vemos en el gráfico, en las catalanas el bloque catalanista es extremadamente estable, pese a los trasvases de votos entre ERC y CiU/PDeCAT

NOTA: 
Catalanistas: CiU (ahora PDeCAT)+ERC+CUP (y el partido de Laporta en 2006)
Españolistas: PP+PSOE+Cs




Corolario 1.1. si en Madrid querían una caída de votos en el frente catalanista, lo mejor hubiera sido convocar unas generales (pero claro..)

Corolario 1.2. Y por esto pese a que las encuestas andas más que perdidas al repartir votos entre partidos de cada bloque, todas suman lo mismo al bloque catalanista/indepe: lo que sacan siempre 47-48%. 

Corolario 1.3. Las encuestas demoscópicas esconden su cocina porque, en el fondo, es elemental. Puro ranchito. 

2.- El voto catalanista es independiente de la participación, solo depende del tipo de elecciones.

Corolario 2.1. Quienes esperan que una participación extraordinaria produzca un resultado extraordinario carecen de evidencia alguna, tan sólo expresan un deseo. 

3.- El voto españolista es depede de la participación SOLO en las generales. 

La relación entre participación y voto españolista es algo engañosa. Los resultados de 2004 y 2008 son los del cénit del bipartidismo. Y recalco que en esa suma no están Podem y Comunes, y no las sumo porque esos votos se han descolgado del españolismo. Si esos votantes detectan que Podem+Comú se sumaran a los españolistas, esos votos se perderían sin más (como en 2011, cuando no existían). 

Corolario 3.1. Quienes esperan que una participación extraordinaria produzca un resultado extraordinario interpretan estas elecciones como si fueran unas generales. 

4.- La participación será extraordinaria, del 85 %.

Esto es lo más difícil de explicar. Los catalanes, simplemente, cambian el chip cuando votan en clave española o catalana. Es un cambio cuántico, sin continuidad. Cataluña es su casa nostra. Para medir este cambio, presento las búsquedas en Google de elecciones/eleccions desde 2004 hasta hoy. Hay una correlación entre esas búsquedas totales (eleccions+elecciones) y la participación, pero es que además cuando son generales, la relación de búsqueda de eleccions/elecciones es de 0,1-0,2, mientras que en las autonómicas la relación ha sido del 0,5 a 1, de modo que hay otras correlaciones particulares entre la relación de búsquedas (eleccions/elecciones) y la participación. Y en estas elecciones la relación está siendo de 0,4, que corresponde a una participación del 85%.




(retomo donde lo dejé esta mañana..)

5.- Quién ganó más en campaña

Se siente, no he podido hacer más. Y es que la cosa está muy, pero que muy difícil. Por la evolución de búsquedas en los últimos 30 días, a quién le ha ido mejor la campaña con diferencia es a Ciudadanos y, detrás (oh sorpresa!) a En Comú. A quién peor, al PP y a ERC.



Dentro de un ratito sabremos cómo se traduce en votos, pero con esto el bloque indi no llega a la absoluta ni de broma, y puede que pierda algo. Veremos si el subidón de Cs llega para restar el bajón de PSC y PP. Sigo apostando por lo de siempre, quizá algo más apretado, 45% para catalanistas, 40% para españolistas y 15 % para los comunes. 

En veinte minutos cierran los colegios..
(nervios!)

viernes, 17 de marzo de 2017

146. Violencia y centralismo en América Latina.

Las viejas herencias pueden ser cargas pesadas. 

América Latina sufre graves problemas de violencia, injusticia social y desigualdad económica. No es difícil encontrar análisis que los relacionan y, de hecho, parece obvio que violencia, injusticia social y desigualdad estén sociológicamente relacionados, incluso de un modo etológico



Algunas reconocibles fotografías de los grandes y lujosos rascacielos de Sao Paulo despuntando sobre las barriadas de chabolas son una imagen paradigmática de esta relación entre desigualdad y violencia.


Tampoco es difícil encontar una expresión numérica de esta imagen. Basta calcular la concentración de renta per cápita y riqueza bruta entre las mayores capitales y sus respectivos países para construir una correlación simple que explique la mitad de la variabilidad en la tasa de homicidios en América Latina


Datos de homicidios de UNODC, PIBy Pob ciudades de Revista AmericanaEconomia. PIB y Pob países de FMI.
Cuanto mayor es la diferencia de rentas entre la gran capital y el resto del país, más homicidios. Cuantos más ciudadanos de un país iberoamericano se concentren en esa megalópolis y puedan acceder o participar a la riqueza y privilegios de la gran capital, más se reducirá la violencia.

En los datos parecen vislumbrase dos correlaciones, una de países de América del Sur (señalados en negro) y otra para los de América Central/Caribe. La distinción tampoco es clarísima, pero apunta.


En cualquier caso, lo que es ea evidente es relación entre centralidad y violencia, sin duda un legado de la herencia hispana. La causa de esta violencia también está a la vista en aquellas fotografías, en la extrema segregación que descubren. Los barrios se avecinan pero siguen brutalmente separados, la exclusión se asegura con muros o verjas de espino que impiden el acceso a comunidades enteras, las calles y el entramado urbano se cortan, las esperanzas de participación, de comunidad, se ven frustradas sin sutilezas. 

La segregación social y racial sigue funcionando aún dentro de la capital, separando criollos de indios, gobernantes de gobernados, reproduciendo las infinitas castas y tabúes de la sociedad colonial. La centralidad de la sociedad colonial en América Latina es todavía tan evidente que no hay que afinar mucho en el análisis, basta una fotografía tomada a suficiente altura, una simple correlación de datos gruesos para que se manifieste.