viernes, 17 de marzo de 2017

146. Violencia y centralismo en América Latina.

Las viejas herencias pueden ser cargas pesadas. 

América Latina sufre graves problemas de violencia, injusticia social y desigualdad económica. No es difícil encontrar análisis que los relacionan y, de hecho, parece obvio que violencia, injusticia social y desigualdad estén sociológicamente relacionados, incluso de un modo etológico



Algunas reconocibles fotografías de los grandes y lujosos rascacielos de Sao Paulo despuntando sobre las barriadas de chabolas son una imagen paradigmática de esta relación entre desigualdad y violencia.


Tampoco es difícil encontar una expresión numérica de esta imagen. Basta calcular la concentración de renta per cápita y riqueza bruta entre las mayores capitales y sus respectivos países para construir una correlación simple que explique la mitad de la variabilidad en la tasa de homicidios en América Latina


Datos de homicidios de UNODC, PIBy Pob ciudades de Revista AmericanaEconomia. PIB y Pob países de FMI.
Cuanto mayor es la diferencia de rentas entre la gran capital y el resto del país, más homicidios. Cuantos más ciudadanos de un país iberoamericano se concentren en esa megalópolis y puedan acceder o participar a la riqueza y privilegios de la gran capital, más se reducirá la violencia.

En los datos parecen vislumbrase dos correlaciones, una de países de América del Sur (señalados en negro) y otra para los de América Central/Caribe. La distinción tampoco es clarísima, pero apunta.


En cualquier caso, lo que es ea evidente es relación entre centralidad y violencia, sin duda un legado de la herencia hispana. La causa de esta violencia también está a la vista en aquellas fotografías, en la extrema segregación que descubren. Los barrios se avecinan pero siguen brutalmente separados, la exclusión se asegura con muros o verjas de espino que impiden el acceso a comunidades enteras, las calles y el entramado urbano se cortan, las esperanzas de participación, de comunidad, se ven frustradas sin sutilezas. 

La segregación social y racial sigue funcionando aún dentro de la capital, separando criollos de indios, gobernantes de gobernados, reproduciendo las infinitas castas y tabúes de la sociedad colonial. La centralidad de la sociedad colonial en América Latina es todavía tan evidente que no hay que afinar mucho en el análisis, basta una fotografía tomada a suficiente altura, una simple correlación de datos gruesos para que se manifieste.


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