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sábado, 11 de junio de 2016

133. Color y política. Discurso y número.

¿De qué va todo esto del discurso y el número? 

Resumiendo: hay una co-relación entre la frecuencia de uso de las palabras y el valor que les otorgamos. 

Dicho de otra manera: Hay una co-relación entre significados y significantes. 

Dicho de otra manera: Hay una co-relación entre frecuencias de uso en el lenguaje y la medida del mundo. 

Bien pensado,sería extraño que no fuese así. Si no, ¿cómo podríamos expresar el mundo mediante el lenguaje?. Si el lenguaje no incorporase esa relación en ningún grado sería inútil como conocimiento. De lo que trata este blog, al menos desde hace un tiempo, es de cómo se articulan estas relaciones. 

Sigo, con color y política. 

De forma recurrente, en todo el mundo y desde hace siglos, los partidos políticos se identifican según colores. El color es el símbolo más obvio para agruparnos en bandos. En el siglo XVII, los soldados españoles vestían de blanco, el color de los borbones. En la Revolución Francesa, la tricolor se convirtió en la gran enseña nacional e internacional. En el siglo XIX, los liberales españoles se vincularon al morado, que heredó la II República. En la revolución rusa, lucharon blancos contra rojos...; pero incluso hace 20 siglos, en el Bajo Imperio romano, verdes y azules debatían a puños sus diferencias en el hipódromo y por las calles de Roma y Constatinopla. 

Así, a primera vista, los colores son una forma elemental de política, una política aguerrida, un poco hooligan, pero visto en perspectiva, son un signo de funcionamiento democrático, de un populismo no sé si incipiente o degenerado, pero sin duda democrático en tanto que hace partícipe al pueblo, a la masa. No encontraremos partidos de colores en la política medieval -salvo, curiosamente, en la rivalidad entre órdenes religiosas-, o en las luchas cortesanas. El color, presente como símbolo político, implica competencia ideológica, un cierto debate. 

Y ahí va. Resulta que desde hace tres siglos hay una correlación intermitente entre la frecuencia de uso agregada de nombres de color en seis idiomas inglés amaericano - AM, inglés británico - BR, español - ES, italiano - IT, francés - FR, ruso -RU y alemán-  GE) con los términos independencia, libertad y progreso, que son tres ideales políticos modernos muy genéricos. Las correlaciones están hechas a periodos de 25 años (los 25 siguientes al año señalado en la gráfica, de modo que, por ejemplo, el valor de 1850 es para el periodo 1850-1874).





Está claro que, de modo general, desde hace tres siglos la frecuencia de uso de los colores en Europa y América está cada vez más relacionada con palabras de significado político como independencia, libertad o progreso. Y lo más significativo, creo, de este hecho, es que haya ciertas fechas señaldas que forman picos en los que esa relación ha sido más acusada.

Cuando empecé a revisar estos resultados los iba viendo caso a caso (idioma a idoma), y esta intermitencia me parecía un problema, una debilidad en la hipótesis de relación color-política. Pero una vez reunidas las relaciones, sumadas todas ellas, pienso lo contrario: que la relación intermitente no es una debilidad en la prueba de relación, sino una evidencia de la naturaleza de esa relación. Este va y viene lingüístivo es connatural a los vaivenes de la historia, al mercadeo de las ideas y valores políticos. Lo que importa no es el valor de R2 en sí, sino la tendencia y la ocurrencia de los máximos y mínimos.


El primer pico (de R2 muy bajo pero ya evidente) se manifiesta entre el uso de colores y libertad en la Revolución Francesa. El segundo pico llega en 1800 con las guerras napoleónicas, aunando libertad e indepenencia.

Hacia 1850, o mejor, con las revoluciones de 1848 (la primavera de los pueblos) tiene lugar el primer pico de progreso y, enseguida, los nuevos máximos de libertad e independencia, ligados a los procesos unificadores de Italia y Alemania y el despertar de los nacionalismos (sometidos los pueblos por el pacto de imperios de Meeternich se levantaron como naciones).

Un segundo pico de progreso en 1900 (periodo 1900-1924) antecedió a los de libertad e independencia de entreguerras.

El cuarto periodo de máximos -acoplado ya el progreso a la independencia y libertad- aparece hacia 1950, en la época dorada de Pax Americana

Y el quinto y último llega en el fin de siglo (pico de 1980, periodo 1980-2004), quizá ligado al derrumbre del comunismo.

Color político y valor de uso.

Los economistas emplean la noción de valor de uso como medida del valor intrínseco de cada producto, mercancía o servicio. Sin embargo, en tanto que bienes económicos, la única medida posible de este valor de uso es el valor de cambio, que no tiene por qué ser el mismo que el valor de uso. Un ejemplo evidente de esto son el agua o el aire, cuya utilidad son máximas pero no su valor por culpa de su disponibilidad o de su intercambio ajeno al mercado. Este problema convierte el valor de uso en un concepto filosófico sin utilidad práctica en sí mismo. En realidad los economistas que se empeñan en dotar a los bienes de un valor de uso son engañados por el ideal filosófico del utilitarismo, que otorga una coartada moral a la economía al igualar el bien común al sumatorio de los bienes individuales.

En la lengua, sin embargo, el valor de uso -en tanto que frecuencia de uso- es enteramente congruente. Existe una correspondencia plena entre el valor de las palabras y su utilidad, es decir, la medida con las que las usamos. En las coloridas gráficas de debajo, por ejemplo, descubrimos ver el valor de uso de los 13 colores más usuales en inglés americano y británico (arriba frecuencia de uso total; abajo uso relativo de los distintos colores).


El valor de cambio, por supuesto, nos dice cómo se relacionan las palabras, por ejemplo, colores y términos políticos.

Sean cuales sean los correlatos históricos que yo elija para explicar la relación entre uso de los colores y la política, lo que Ngram nos dice es que el valor político del uso de los colores no ha dejado de crecer en todos los idiomas al aumentar su relación con términos tan inequívocamente políticos como libertad, independencia o progreso. En suma, para las seis lenguas (siete casos, contando el inglés americano y británico) los últimos máximos de R2 están en 2,5, lo que significa un R2 medio de 0.35. Ahora solo necesitamos una comparación, una escala. ¿Es un R2 de 2,5 signo de una relación potente o irrelevante? ¿Es un R2 de 2,5 un valor de cambio alto o bajo? Pues aquí una respuesta:

Nada más obivo que, cuando hablamos de colores, hablar de color. Esta relación nos parece evidente, primaria, fundamental. Pues bien, el R2 de la correlación media a 25 años de 1700 a en los seis idiomas es de 2,7, variando desde 1,49 a 3,9.


El valor de cambio -a diferencia del valor de uso- es relativo, claro, pero lo que nos dice Ngram es que, hoy, los colores han alcanzado un valor uso político comparable a su obvio valor cromático.




sábado, 3 de octubre de 2015

78. ¿Está Hitler sobrevalorado en la prensa española de derechas?

Últimamente casi cada día me encuentro un artículo, comentario o noticia que saca a Hitler por los más variados motivos. Parece que Hitler se haya convertido en un arquetipo, o puede que un producto de consumo, no sé. Y el otro día descubrí que dos diarios de derechas, ABC y Libertaddigital, tenían sección fija de historias bélicas y se me ocurrió que quizá, de un modo más o menos consciente, con la excusa de la historia o lo que fuera, los periódicos de derechas sacan más que los de izquierdas artículos y noticias con referencias a Hitler, Así que me puse a comprobar si esta ocurrencia mía tenía o no algún fundamento. Y éste es el resultado. 

1.- Lo primero fue medir la frecuencia de las menciones Hitler en unos cuantos diarios españoles durante el último año (30/09/2014-29/09/2015). Para eso me serví de sus propios buscadores. Y para comparar, medí también las referencias de otros catorce líderes políticos históricos, en su mayoría del siglo XX. Esta tabla resume los resultados.

Para mejor comparación la misma tabla con las menciones en porcentajes (tanto por mil).



Bueno, pues dos cosas están claras:

UNA)- Hitler es el político más citado. Es, como sospechaba, un icono cultural, sólo comparable al guapo Kennedy, aunque mayor.

OTRA)- Mi ocurrencia carece por completo de fundamento. Que un periódico tenga más o menos referencias a Hitler no te dice nada de si es más o menos de derechas o izquierdas. De hecho, las citas a Hitler son independientes de las citas a cualquier otro personaje  y ni siquiera están en relación con la suma de citas al grupo de los sus colegas de la IIGM Stalin, Mussolini,Churchil y Roosvelt; o sea, que Hitler ha trascendido su época histórica y va por libre. Digamos que se ha convertido en un personaje interesante por derecho propio.

2.- Lo segundo fue comprobar los resultados con las búsquedas de Google. ¡Cómo no!

Me quedaba una duda. En cualquier caso, y aunque no tuviera una causa política, seguía pensando que había demasiadas referencias a Hitler en la prensa. ¿No era exagerado este interés? ¿Era sensacionalismo? Para comprobarlo es para lo que pregunté a Google Trends cuál había sido el interés público por la lista de personajes históricos que busqué en la prensa, y este fue el resultado:

Hay enormes diferencias entre unos y otros periódicos en cuanto a la cantidad de sus referencias de los personajes históricos de la lista, desde las  4.556 de La Vanguardia a las 248 de Infolibre, pero los resultados en todos ellos guardan una más que aceptable correlación, y la media de referencias relativas de todos ellos mantiene tambien una excelente correlación con las búsquedas en Google. Es decir, la prensa publica noticias y artículos con referencias históricas de modo similar a lo que la gente busca en Google. La conexión general entre las citas de la prensa y el interés público guarda una correlación del 0,82. No está nada mal.

Pero como es lógico, la coincidencia prensa/público no es total. Hay diferencias entre periódicos y hay diferencia entre periódicos y público. Y resulta que todos los periódicos publican muchas menos menciones a Hitler de lo que la gente demanda en Google; en concreto, para los quince personajes históricos seleccionados, la prensa menciona a Hitler con una frecuencia media del 20,6 % (+-3,86%) mientras que los españoles buscamos Hitler en Google con una frecuencia de 26,1 %, es decir, una diferencia del 5,5 %, 1,42 veces la desviación estándar de las referencias de prensa. O sea, que de sensacionalismo, nada tampoco. Que no doy una, vamos.

En la tabla aparecen ordenados de arriba abajo los personajes de modo que arriba están los que tienen menos citas en periódicos que búsquedas en Google y abajo los que tienen más citas en prensa que búsquedas relativas en Google. Por tanto, los de arriba están relativamente infrarrepresentados (Gandhi, Bismarck y Hitler) y los de abajo sobrerrepresentados (Kennedy, Churchill, Roosevelt, Thatcher). Los intermedios son citados en prensa más o menos que buscados en Google pero con una diferencia menor a la desviación estándar de la prensa, y por tanto no significativa.

3.- Corolarios:  Mainstream vs. independencia. Política moral vs. política anglosajona. Referentes totalitarios vs. liberales. 

UNO)

No hay periodista que no se declare independiente, y tal... Una manera de medir y definir la independencia (muy anglosajona, por cierto) es cuantificar la diferencia respecto de la opinión mayoritaria. Tomando como criterio general o medio las búsquedas totales en Google, el coeficiente de correlación nos da esta medida.


El resultado es el de la tabla: Infolibre es el diario más independiente, El Correo es el que más se acomoda al mainstream.

DOS)

Es realmente chocante encontrar a Hitler y a Gandhi, personificaciones del bien y el mal, en el mismo grupo de infrarrepresentados. Eso ya nos dice que no hay una dimensión política de izquierda-derecha en este grupo, sino moral, trascendente, kantiana, continental.

En el grupo sobrerrepresentados también hay personajes (dos) de izquierda y de derecha (otros dos), y los cuatro son figuas de la democracia anglosajona. Son referentes por tanto de la política mundana, entendida como un conflicto o juego de intereses, moralmente relativista pero funcional. Churchill y Kennedy, Thatcher y Roosevelt son la política utilitarista, analítica.

Inviertiendo la matriz de datos y usando estas dos variables como ejes de componentes principales proyecto de un modo gráfico la posición relativa de la prensa respecto de las preferencias histórico-políticas del público español, al menos, del usuario de Google.
No son diferencias sustanciales, sino de grado. Todas las cabeceras estudiadas son más analíticas que el público medio español y menos trascendentes, más anglosajonas y menos contientales, más utilitaristas y menos morales. Y, de nuevo, la posición de las cabeceras es independiente de su adscripción izquierda o derecha: ABC e Infolibre, por ejemplo, son los que menos infravaloran la política moral de los españoles, y por tanto son los más cercanos a su sentir medio en ese sentido. El más alejado, con mucho, del sentir político medio en España es El País.

TRES)

Pueden saltar chispas. El gráfico muestra la posición relativa de los periódicos proyecta en función de las componentes principales definidas por los políticos totalitarios (Hitler, Stalin, Mussolini, Lenin, Napoleón, Robespierre) y liberales (Churchill, Gandhi, Thatcher, Mandela, Kennedy, Bismarck, Azaña, Roosvelt). El resultado escocerá a más de uno.
Todos los diarios, salvo Infolibre, usan menos referencias totalitarias y más referencias liberales que las que los españoles buscan en Google.

Hay una relación inversa entre las referencias a personajes totalitariso y liberales. El único diario que se aleja de esta relación general es El País, mucho más liberal que antitotalitario.

Nota: Cómo elegí los diarios y políticos.

Mi intención era incluir un espectro de prensa que pudiera posicionar de izquierda a derecha, pero lo cierto es que casi toda la prensa española es de derechas, en mayor o menor grado. La gran prensa en papel nacional-madrileña, desde luego, solo queda a la izquierda El País, que ya ves. Pero también es de derecha La Vanguardia de BCN o El Correo de Bilbao, que pertenece al grupo Vocento, lo mismo que Las Provincias de Valencia y Sur de Málaga. La Voz de Galicia, de A Coruña, tiene una familla progresista, del PSOE, vamos, aunque en realidad está a muerte con quien de las lentejas, que en Galicia es ahora Feijoo como antes lo fue Fraga. Y así casi toda la prensa local, dominada por grupos como el susodicho Vocento, Prensa Ibérica o el andaluz Joly (El Diario de Cádiz), de simpatía psocialista. Es lo que hay. Queda pues Infolibre, claramente de izquierda. Los otros digitales de izquierda no alineada, Público o Eldiario.es no tienen buscadores propios, de modo que no los incluí. Y así se quedó la lista. Pensé en incluir un diario del Grupo Zeta, pero ya estaba cansado.

Y respecto de los políticos incluidos en la búsqueda, los elegí porque se me ocurrieron, sin más.