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sábado, 5 de julio de 2014

31.- Las Españas Galaica y Yudió. Moros, Mouros y Morenos.

Vuelvo a la Edad Media y también un poco a de los apellidos.

Esta entrada solo quiero hacer público un descubrimiento que me ha dejado con la boca abierta, pues no tenía ni idea, a pesar de que ya tiene décadas. Como tampoco estoy a la última ni a la penúltima en lingüistica histórica o comparada o como se llame, no sé que grado de aceptación tiene en España, aunque me suena que poco. En todo caso, me ha cautivado y me sumo feliz a esta hipótesis, que tantas cosas explica, 

Dijo alguna vez Julio Camba que él no hablaba gallego porque era como hablar castellano antiguo. Con estas gracias Camba se ganaba unas monedas por el Madrid aquél que decía: España somos nosotros. O sea, el Madrid de siempre. Pero aunque cínico y desengañado, Julio nunca fue un tonto. Lo cierto es que sí, cualquiera sabe que el gallego está más cerca del latín que el castellano, pero es que ahora me entero de que sí sí, que el gallego era exáctamente eso en su origen, es decir, español, un español, al menos, y que el castellano era un dialecto extremo o extremado, es decir, fronterizo, marginal, surgido de los límites de aquella España hispánica, romana y latina.

El padre de esta teoría no es Camba sino otro gallego, Carlos Peregrín Otero, hoy profesor emérito en la Universidad de California. La historia de Carlos P. Otero es singular, pues habiendo sacado su plaza de diplomático se hartó de servir a aquella España Una y plomiza de los cincuenta y se entregó a la lingüística de la mano de Chomsky, al que tradujo al español y cuya obra ayudó propagar en España.
Arriba tenéis el esquema genealógico de los romances hispánicos del professor Carlos Otero. Lo primero que llama la atención es que se ha dejado fuera al catalán, que Otero entiende en la rama de las lenguas francas. Así, no hay más remedio que darle -un poco- la razón a Napoleón en aquello de que los catalanes son franceses confundidos.


Y ya dentro de las lenguas hispanas, Otero distingue dos dialectos españoles, uno de raíz galaica al norte y otro al sur, de raíz mozárabe. Como lingüista, C. Otero tiene mucho cuidado de no caer en las trampas de la lengua escrita y guiarse en lo posible por lo que es en verdad una lengua: expresión oral. Así que da a este mozárabe el nombre de Yudió, pues donde mejor se ha conservado es en el idioma de los judios expulsados de España por los Reyes Católicos, es decir, el sefardí.

Los mapas de la evolución de las lenguas peninsulares provienen de aquí. Hoy, estos mapas o la hipótesis lingüística de C. Otero son utilizadas por algunos grupos nacionalistas gallegos de estética filonazi para justificar la supremacía ario-galaica de Breogán o algo así. Da igual. Es más, estas cosas son inevitables. El castellano también tiene sus propios supremacistas, y todavía hoy muchos lo utilizan como arma política para defender el nacional-capitalismo madrileño, ese cerrado centralismo que es el gran negocio de Madrid, su único negocio en realidad. ¿Qué sería Madrid si no fuese capital?

Pero políticas aparte, las evidencias se conservan tanto en los rasgos lingüísticos de las lenguas actuales como en los rastros literarios. Las más antiguas pruebas de romance literario peninsular fueron las jarchas y la poesía gallega, los primeros frutos de las dos ramas primeras del romance hispano.

Incluso Menéndez Pidal lo reconoció:


la confidencia entre las hermanas establece una tradición más particular aún entre la antigua tradición mozárabe y la antigua tradición del Noroeste peninsular, mostrando que existió una coincidencia arcaica, perdida en el transcurso del tiempo. 

Y Sánchez-Albornoz, más en extenso:

El deslizamiento en el siglo V hacia el solar cismontano de Cantabria -la futura Castilla- de los várdulos de la depresión vasca, apenas romanizados todavía, no pudo contribuir a vigorizar en el país tradiciones líricas de estirpe romana vulgar. La colonización por los godos, en masas cerradas, de las llanuras del Duero, a fines del siglo V y principios del VI, tampoco pudo favorecer la perduración de cantos latinos populares en tierras luego castellanas. Los godos, emigrantes a la Cantabria montañosa al ocurrir la invasión árabe, no pudieron llevar al Norte tradiciones poéticas que les eran ajenas. La conjunción cántabro-várdula de la que nació Castilla, como no recogió la herencia institucional y jurídica de Roma, tampoco debió recibir la lírica hispano-romana vulgar que pervivió en Galicia, en Al-Ándalus, y en general en toda la Romania. 

Y para terminar, un reflejo actual de estas dos raíces hispánicas: la España galaica y la mozárabe reflejadas en los apellidos Moro, Mouro, Moura, Mouriño y Moreno.



Mouro, Moura, Mouriño y Moro son apellidos gallego-asturiano-leoneses, es decir, galaicos en sentido lato, pero no se refieren a los moros de la Mauritania, que por allí anduvieron poco, sino a los paganos precristianos. Cosas de mouros en Galicia son las xanas, las mámoas o los castros, las tradiciones prerromanas del NO hispano que daría sustrato a los reinos hispánicos cristianos tras la conquista del 711, bien se llame Asturias, Galicia o León.




¿Y en el resto de Hispania? ¿Qué moros hay ahí? Pues no hay tales, sino Morenos.
Morenos son los moros de Al-Ándalus integrados en el mundo cristiano, mozárabes y conversos, los que no cantaban cantigas sino jarchas.

Y para terminar, os dejo este mapa político de mediados del siglo XIX y que no sé si quiso ser satírico o ingenuo, pero en cualquier caso define muy bien las tres identidades hispánicas, primero la vieja, la dominada -uniformizada, dice- por Castilla y luego por Madrid, aunque de raíz galaico-andaluza; la de las esencias, que primero inventó Castilla y de repente se hizo carlista, foral, más papista que el papa, y la catalana, asimilada, como dice el mapa, peninsular, sí, pero siempre con la duda de si es o no es hispánica.

Carlos-Pelegrín Otero, 1976. Evolución y revolución en romance II. Seix Barral.

miércoles, 30 de abril de 2014

25.- Ocho apellidos vascos, alguno gitano y ni uno judío. 1.- El vasqueñol.

Aprovecho el título de la película de moda para tratar sobre uno de los grandes mitos de este país, que es el pedigrí vasco, y para atraer la atención sobre los desclasados y los desheredados: gitanos y judíos. 

Tener apellido vasco viste entre el españolismo centralizador de la corte madrileña. El apellido vasco remite a sangre hidalga, castellana vieja. Por eso los heráldicos, esos genealogistas que te hacen un escudo de colores y te remontan a Witiza si eres tan imbécil como para pagar 25 euros, o lo que sea, sitúan el origen de casi todos los apellidos más comunes a esa mítica España de las Esencias, con su centro en el País Vasco.  

La contrapartida del mito de la pureza es la aniquilación de toda diferencia. La España Una que es la Suya, esa España que odia la diferencia y la hibridación, ésa que amenaza cada día con montar otra guerra civil si no tragas con ruedas de molino, ha borrado y ocultado las huellas de los asimilados. Por eso quienes quieren recuperar los rastros de ese pasado mestizo se enfrentan a una enorme confusión. Intentaré ayudar. 

Lo primero es que no hay apellidos judíos en España. pese a lo que circula por ahí. Y no hay apellidos judíos porque no quedan judíos en España, porque los echamos mucho antes de que se institucionalizase la herencia automática de sobrenombres y los que se cristianaron, como es lógico, no querrían ser identificados y estigmatizados. 

Por ejemplo, Méndez. Ha corrido la voz de que Méndez es apellido judío. Bobadas. El mapa de nacimiento de las 72.000 personas con el apellido Méndez es España demuestra que su origen es astur-galaico, conservado en portugués como Mendes. 


Méndez/Mendes sirve para ilustrar otra cuestión, la de la desinencia -ez. 

Hay en España 3.651 personas con Mendes como primer apellido y 2.989 nacieron en el extranjero. Lo que indica de forma clara que Mendes  es un apellido de emigrantes recientes. 

Sin  embargo, pensad, por lo menos Canarias y parte de Andalucía, Méndez se pronuncia mendes. Así que sí que hay decenas de miles de Mendes, Rodrígues, etc. aunque hayan sido homogeneizados a la forma normativa del español/castellano en los documentos, que son los que se conservan, y gracias a la alfabetización masiva, también en el habla corriente. 

En realidad, la desinencia -ez, más que "hijo de" significa simplemente "de" y hay en la península todo tipo de variantes de -ez, como -iz, -es, -is  o incluso -ens o -ins en Galicia, añadidos a nombres de personas y lugares. 

Mucho -ez en los apellidos, pero la desinencia genuina es -es, la que se conserva en los romances españoles y a los viejos asturianos se les llama todavía astur-es, el de León es un leon-és y el de Vigo un vigu-és, en galego o en castellano. Si Vigo fuera apellido en el siglo XV sin duda habría sido transformado hoy a Vigu-ez, igual que ¡atención! hay en Cantabria unos cientos de Riancho (por Rianxo, A Coruña) y en Madrid hay algún escritor despistado que pone a una marisquería el nombre de ¡¡¡Riantxo!!! 

Los españolistas unitarios han hecho de -ez la forma correcta, oficial, normativa del apellido, ignorando y despreciando todas las demás, y para darle pedigrí le han dado una ra-íz vasca. Es un castellano transformado en vasqueñol. En este vasqueñol la -ez es más que una grafía, es un blasón de vieja castellanización . 

¿Cuándo tuvo lugar la vasqueñolización? Según la teoría del lingúista Carlos P. Otero, que tan bien ayuda a explicar tantas cosas, el castellano es un dialecto del español de la zona este del reino de Galicia-Asturias-León con gran influencia vasca. El caso es que, si por el oeste el viejo reino de la Gallaecia quedó truncado por Portugal, por el este se truncó por Castilla. Cosas de la Historia, no hay que hacer dramas. Pero debido a estos sucesos políticos, los dos dialectos marginales de ese romance español que venía fraguándose desde el siglo VIII  adquirieron el estatus de lenguas nacionales. 

En mi opinión, fue a partir de que el castellano comenzó a asumir su condición de lengua nacional cuando comenzó a labrar el mito del vasquismo, esto es, a partir de los siglos XVII y XVIII,  siglos de esplendor de las heráldicas, de plenitud de la monarquía absoutista y de la sociedad estamentaria y tradicionalista, es decir, de la España Hidalga. El mito fue reforzado en el siglo XIX por otras razones. Pero vamos con los inicios. 

Para ilustrar esta historia, me voy a un caso particular, que encontré por casualidad, buscando un bonito escudo con el que dar color a esta entrada. 


Ahí lo tenéis. Son las floridas heráldicas nacionales para ornamento de los "viejos" linajes de los Emparan y Orbe, de la más noble hidalguía vasca. Lo bueno es que la historia de está en wikipedia, por lo que puede seguirse con comodidad. ¿Y qué tenemos? 

Pues que hasta comienzos del siglo XVI, los apellidos de este linaje eran Martínez, Pérez o López, a lo que se añadía la localidad de Emparan, lo mismo que el dramaturgo Lope añadió de Vega, o el literato Miguel se apellidó de Cervantes y tantos otros...

Fue a partir del siglo XVII, que para distinguirse, los nobles adoptaron como apellidos los topónimos de sus heredades y dominios. De ahí surgieron los apellidos vascos tradicionales, esos Azpeitia, Zarugalde, Múgica, Orbe, Emparan, etc.


Lo que diferencia a estas provincias de la España Esencial es que aquí la hidalguía era numerosísima. En Vizcaya y Guipúzcoa hasta el 40 % de la población era hidalga, era la arcadia hidalga española y así terminó siendo eso: el ideal o el arquetipo de lo original español, por emulación o por asimilación, pues buena parte de esta hidalguía encontró oficio digno en  la Iglesia y la Administración del Estado, es decir la educación y doctrinado del resto del país. 

viernes, 20 de diciembre de 2013

15.- Galicia carda la lana y Asturias lleva la fama

En Argentina y algún otro país de Sudamérica a los españoles se les llama gallegos, porque de Galicia procedía el grueso de los emigrantes españoles que recibieron en los siglos XIX y XX. 

Y los asturianos, que según el romancero popular son  primos hermanos (de los gallegos), dicen aquello de: España ye Asturies y el resto tierra conquistada. 

El caso es que aquel reino altomedieval de Asturias comprendía también Galicia y la actual provincia de León. Era, en cierto modo, una recreación de la Gallaecia romana, y de hecho Galicia/Gallaecia, presente en todos los mapamundis medievales, fue la única jurisdicción administrativa romana que sobrevivió al Imperio, y hasta hoy. Galicia es, como entidad administrativa, una reliquia histórica, una joya, la jurisdicción pública más antigua de la península, establecida como tarde por Augusto hacia el 25-15 a C., es decir  hace más de dos mil años. 

Mapamundi medieval T en O de 1086. Beato de Liebana. En: Burgo de Osma

Detalle del Mapamundi anterior mostrando la Gallaecia y su legendario Faro (de Hércules)
Lo que aquí voy a mostrar, gracias al INE y con la ayuda de ¡cómo no! Google Trends, es que todo lo anterior no solo es verdad, sino que es cierto, o sea, que es verificable. Y lo voy a hacer analizando la geografía provincial de los apellidos. Una nueva forma de reconstruir la genealogía a partir de la distribución estadística y geográfica de los apellidos.

¡Vamos allá!

Según INEbase, los diez apellidos más comunes de España son: 

La primera columna indica el número de españoles residentes que tienen ese apellido y el segundo es el porcentaje sobre el total.

Una aclaración: para mi comodidad y la de quien lee, a partir de ahora solo pondré el orden provincial y me ahorro los datos y el mapa del INE. Quien quiera ir al detalle, puede pasarse por la página del INEbase. Los valores son determinantes en las conclusiones, pero añadirlos aquí es un engorro.

Bueno, pues sigo. El apellido más común con diferencia, García, lo es sobre todo en las siguientes provincias:


Es conocido. El apellido más común y más extendido por España, García, procede de Asturias. García I fue  rey asturiano que trasladó la capital de su reino a León, empezando el siglo X. Y con él muchos otros Garcías comenzaron a poblar y repoblar aquella España conquistada

Lo que se olvida o se desconoce es que Galicia, Asturias y Lerón eran entonces una misma entidad política, y el nombre de reino de Asturias o León señalaba simplemente la posición de su corte regia, algo así como la sede social de una empresa de hoy en día, nada que ver con una capital en sentido moderno. 

Hago lo mismo para los diez apellidos y el resultado es el siguiente: 


Está claro. García sería un nombre más propio de la mitad oriental de este reino, o sea, Asturias y León, mientras que Fernández, Rodríguez, López y Pérez debían ser nombres más comunes en la parte occidental o gallega. 

La reconquista que partió de ese núcleo inicial galaico-astur-leonés o galaico, en sentido amplio, produjo la expansión de los nombres y apellidos comunes en aquella vieja Gallaecia romana por la península medieval. Por supuesto, otros muchos apellidos fueron incorporándose de las propias zonas conquistadas, pero como lo hicieron más tarde, su expansión fue, por lo general, menor. 

Hay que tener en cuenta además que no solo los hijos y descendientes tomaban los nombres de sus padres o ascendientes, muchas veces los siervos también lo hacían, y en origen, casi todos estos apellidos fueron nombres comunes, como hoy lo son Manolo o Juan, lo que facilitaba su expansión. Por ejemplo, el rey García I de León y muchos descendientes se llamaban -que no apellidaban- así: García. Solo pasando los siglos García se convirtió en apellido. 

Muchos nombres todavía conservan su doble característica de nombre y apellido, como Alonso o Martín, que además es uno de los siguientes cinco apellidos más comunes de España, el nº 9, en concreto:



Por lo general, que un apellido sea relativamente (estadísticamente quiero decir) más abundante en una zona nos indica que esa es probablemente su localidad de origen y el lugar desde donde se expandió. Que los apellidos más comunes en toda España sean relativamente más comunes en el NO de la península nos indica que esa fue la zona original de conquista y colonización del resto, lo que coincide con lo que sabemos de toda la vida de la Historia de España y lo que dicen los asturianos: Asturias ye España, el resto tierra conquistada. De aquella Asturias Galaica proceden los Garcías, Fernández, González, Rodríguez, López,  Pérez y tantos otros.

Así que esto es a lo que me refería. Con los García y lo del reino astur, Asturias se llevó la fama, pero la gran masa conquistadora fue gallega. Ya lo sabéis, millones de Fernández, González, Rodríguez, López y pérez del mundo: lleváis apellidos gallegos y puede que también sangre gallega en vuestras venas. ¡Formáis parte de una de las grandes diásporas de la historia occidental!

¡Galicia, granero de gentes!

Por lo que respecta a los otros, Sánchez y Martín parecen provenir de las provincias al sur del Duero:   Salamanca y Ávila; y Gómez y Martínez, aunque están más liados y necesitaría dedicarles una entrada en exclusiva para discutirlo, pudieran proceder de la zona más oriental del reino: Cantabria y La Rioja, ya en Castilla, en realidad. 

Para acabar sin enrollarme mucho en esta primera entrada de geografía genealógica, veis que señalé en rojo las provincias canarias, que aparecen junto a las gallegas. Esto se debe a una importante influencia gallega en aquellas islas, como siglos más tarde en América. La conexión de Galicia con  Canarias continua hoy, y allí se dirigen muchos gallegos para trabajar en la construcción, la pesca y la hostelería. 

Para terminar, presento los mapas de búsqueda relativa para cada uno de los apellidos en Google Trends. Hay que tener en cuenta que estos datos se organizan según una arquitectura de localidades propia de Google, y que los datos del INE son provinciales. A pesar de eso el acuerdo entre porcentaje de apellidos y búsquedas relativas de esos apellidos los resultados es sorprendentemente bueno, y constituye una prueba más de la excelente herramienta de estudio geográfico e histórico que es Google Trends.


Basta un vistazo para darse cuenta de dónde proceden los cinco apellidos más comunes de España: del NO peninsular. En el caso de López, la falta de unión entre  de pudiera sugerir un origen doble, o quizá una repoblación tardía, del siglo XVI-XVII.


Los cinco siguientes apellidos más comunes proceden de un área madre más amplia y sus rastros son algo más confusos, sobre todo los de Martínez y Gómez, que parecen venir de La Rioja y Cantabria, y posiblemente estén relacionados con la aparición de Castilla como nuevo reino cristiano. Sánchez y Martín se originan al sur del Duero leonés y Pérez es un apellido claramente gallego. 

PD.- Mucha gente cree que quizá en un futuro más o menos lejano será posible viajar al pasado. Esa gente no entiende qué es de verdad la Historia, el Pasado. No entienden qué el tiempo no pasa, que lo que hace es acumularse, sumarse, sedimentar. El pasado es el suelo que pisamos. Ahí lo tenéis, en Google Trends, una cosa nueva que rastrea millones de sucesos  instantáneos, fugaces, cambiantes. ¿Y qué surge de todo esto? Pues surge el rastro del pasado, un pasado de hace siglos que sigue presente con nosotros. El pasado es nuestro entorno, solo hay que saber mirar.