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miércoles, 10 de diciembre de 2014

45. Otra expresión del centralismo. PIB/km2

Es más o menos lo mismo que otras veces, pero con matices. Y además tenía ganas de sacarlo, ¡y ya está!

Es la concentración del PIB por territorio en las distintas CCAA. De nuevo se destaca la anomalía de Madrid. 

Si se considera Madrid como parte de CLM, la densidad de PIB pasa a ser de unos 2,5k€/km2.Considerando las dos Castillas, la densidad de PIB sería de unos 1,5k €/km2, similar a la de Andalucía. 

La cosa es más que obvia. Madrid funciona como un agujero negro que extrae de los recursos de su alrededor, un extractor que vacía su entorno.

La mayor parte de las capitales europeas: Paris, Londres, Milán, Francfurt se situan en medio de las áreas más prósperas de sus naciones y de Europa en general. Son como los árboles de lo más profundo de un bosque. Pero Madrid se encuentra justo en medio de la zona más pobre, como un extraño oásis en un desierto. Lo que ocurre es que, en este caso, es el oásis el que contribuye a crear el desierto a su alrededor.  

sábado, 5 de julio de 2014

31.- Las Españas Galaica y Yudió. Moros, Mouros y Morenos.

Vuelvo a la Edad Media y también un poco a de los apellidos.

Esta entrada solo quiero hacer público un descubrimiento que me ha dejado con la boca abierta, pues no tenía ni idea, a pesar de que ya tiene décadas. Como tampoco estoy a la última ni a la penúltima en lingüistica histórica o comparada o como se llame, no sé que grado de aceptación tiene en España, aunque me suena que poco. En todo caso, me ha cautivado y me sumo feliz a esta hipótesis, que tantas cosas explica, 

Dijo alguna vez Julio Camba que él no hablaba gallego porque era como hablar castellano antiguo. Con estas gracias Camba se ganaba unas monedas por el Madrid aquél que decía: España somos nosotros. O sea, el Madrid de siempre. Pero aunque cínico y desengañado, Julio nunca fue un tonto. Lo cierto es que sí, cualquiera sabe que el gallego está más cerca del latín que el castellano, pero es que ahora me entero de que sí sí, que el gallego era exáctamente eso en su origen, es decir, español, un español, al menos, y que el castellano era un dialecto extremo o extremado, es decir, fronterizo, marginal, surgido de los límites de aquella España hispánica, romana y latina.

El padre de esta teoría no es Camba sino otro gallego, Carlos Peregrín Otero, hoy profesor emérito en la Universidad de California. La historia de Carlos P. Otero es singular, pues habiendo sacado su plaza de diplomático se hartó de servir a aquella España Una y plomiza de los cincuenta y se entregó a la lingüística de la mano de Chomsky, al que tradujo al español y cuya obra ayudó propagar en España.
Arriba tenéis el esquema genealógico de los romances hispánicos del professor Carlos Otero. Lo primero que llama la atención es que se ha dejado fuera al catalán, que Otero entiende en la rama de las lenguas francas. Así, no hay más remedio que darle -un poco- la razón a Napoleón en aquello de que los catalanes son franceses confundidos.


Y ya dentro de las lenguas hispanas, Otero distingue dos dialectos españoles, uno de raíz galaica al norte y otro al sur, de raíz mozárabe. Como lingüista, C. Otero tiene mucho cuidado de no caer en las trampas de la lengua escrita y guiarse en lo posible por lo que es en verdad una lengua: expresión oral. Así que da a este mozárabe el nombre de Yudió, pues donde mejor se ha conservado es en el idioma de los judios expulsados de España por los Reyes Católicos, es decir, el sefardí.

Los mapas de la evolución de las lenguas peninsulares provienen de aquí. Hoy, estos mapas o la hipótesis lingüística de C. Otero son utilizadas por algunos grupos nacionalistas gallegos de estética filonazi para justificar la supremacía ario-galaica de Breogán o algo así. Da igual. Es más, estas cosas son inevitables. El castellano también tiene sus propios supremacistas, y todavía hoy muchos lo utilizan como arma política para defender el nacional-capitalismo madrileño, ese cerrado centralismo que es el gran negocio de Madrid, su único negocio en realidad. ¿Qué sería Madrid si no fuese capital?

Pero políticas aparte, las evidencias se conservan tanto en los rasgos lingüísticos de las lenguas actuales como en los rastros literarios. Las más antiguas pruebas de romance literario peninsular fueron las jarchas y la poesía gallega, los primeros frutos de las dos ramas primeras del romance hispano.

Incluso Menéndez Pidal lo reconoció:


la confidencia entre las hermanas establece una tradición más particular aún entre la antigua tradición mozárabe y la antigua tradición del Noroeste peninsular, mostrando que existió una coincidencia arcaica, perdida en el transcurso del tiempo. 

Y Sánchez-Albornoz, más en extenso:

El deslizamiento en el siglo V hacia el solar cismontano de Cantabria -la futura Castilla- de los várdulos de la depresión vasca, apenas romanizados todavía, no pudo contribuir a vigorizar en el país tradiciones líricas de estirpe romana vulgar. La colonización por los godos, en masas cerradas, de las llanuras del Duero, a fines del siglo V y principios del VI, tampoco pudo favorecer la perduración de cantos latinos populares en tierras luego castellanas. Los godos, emigrantes a la Cantabria montañosa al ocurrir la invasión árabe, no pudieron llevar al Norte tradiciones poéticas que les eran ajenas. La conjunción cántabro-várdula de la que nació Castilla, como no recogió la herencia institucional y jurídica de Roma, tampoco debió recibir la lírica hispano-romana vulgar que pervivió en Galicia, en Al-Ándalus, y en general en toda la Romania. 

Y para terminar, un reflejo actual de estas dos raíces hispánicas: la España galaica y la mozárabe reflejadas en los apellidos Moro, Mouro, Moura, Mouriño y Moreno.



Mouro, Moura, Mouriño y Moro son apellidos gallego-asturiano-leoneses, es decir, galaicos en sentido lato, pero no se refieren a los moros de la Mauritania, que por allí anduvieron poco, sino a los paganos precristianos. Cosas de mouros en Galicia son las xanas, las mámoas o los castros, las tradiciones prerromanas del NO hispano que daría sustrato a los reinos hispánicos cristianos tras la conquista del 711, bien se llame Asturias, Galicia o León.




¿Y en el resto de Hispania? ¿Qué moros hay ahí? Pues no hay tales, sino Morenos.
Morenos son los moros de Al-Ándalus integrados en el mundo cristiano, mozárabes y conversos, los que no cantaban cantigas sino jarchas.

Y para terminar, os dejo este mapa político de mediados del siglo XIX y que no sé si quiso ser satírico o ingenuo, pero en cualquier caso define muy bien las tres identidades hispánicas, primero la vieja, la dominada -uniformizada, dice- por Castilla y luego por Madrid, aunque de raíz galaico-andaluza; la de las esencias, que primero inventó Castilla y de repente se hizo carlista, foral, más papista que el papa, y la catalana, asimilada, como dice el mapa, peninsular, sí, pero siempre con la duda de si es o no es hispánica.

Carlos-Pelegrín Otero, 1976. Evolución y revolución en romance II. Seix Barral.

sábado, 21 de diciembre de 2013

16.- Apellidos castellanos en España. Otra historia de la Reconquista.

Las genealogías son siempre entretenidas. Puede que sean la base de la literatura. Pero además puede ser muy informativas. Sobre todo la genealogía de los datos y la información. En general, tan valiosos son los datos como saber quién los proporciona.

Un buen contraste para valorar las genealogías son las geografías. Unas y otras deben mostrar cierta congruencia, es decir, deben contar la misma historia. Si no es así, es que algo falla. 


Por ejemplo, del apellido Cid,encuentro una página de heráldica con las siguientes tonterías:

Antiguo apellido, bastante frecuente y repartido por España, con principales asientos en Orense, Madrid y Barcelona, y notable presencia en Pontevedra, Sevilla, etc. El apellido procede, en gran parte, de nombres personales alusivos al héroe medieval castellano, Rodrígio Díaz de Vivar, el Cid campeador, a quienes los moros dieron el título de Sayyid "mi Señor"... 

blablabla...



Y esta relación entre el apellido Cid y el Campeador se encuentra incluso en la wikipedia: 

Cid es un apellido de origen español. Se le encuentra en España y también, aunque poco extendido, en países de Latinoamérica.  La palabra "cid" (del árabe dialectal سيد sīdi, 'señor') fue utilizada para apodar a Rodrigo Díaz de Vivar, personaje histórico en cuyas hazañas se basa el Cantar de mio Cid.

Pero no. Cid es un apellido de Ourense y no tiene nada que ver con Ruy Díaz de Vivar. INEbase lo deja bien claro. 

    

Además, seguramente el apellido no es CID, sino CIZ, pues en gallego no es propia la terminación en -D -tomad o moved se dice tomade o movede- pero sí lo son los nombres terminados en -IZ, pj: Beariz o Allariz, ambos en Ourense y en la zona donde se concentra este apellido. Probablemente la confusión de Ciz a Cid es otro de esos penosos ejemplos de inmersión forzada, en este caso, de la castellanización lingüística y mental de lo galaico.

La Heráldica se dedica a hacer escudos y a ennoblecer los apellidos, es decir, a halagar la vanidad de la gente. Es parecido a lo que hace la RAE, la Real Academia Española de la Lengua (castellana, porque al parecer las otras no son españolas), que en vez de estudiarla, como sabéis, prefiere limpiar, fijar y dar esplendor, o sea, que utiliza la lengua para lamer culos, convirtiendo al castellano en un blasón de la más vieja y noble sangre hidalga española. Los académicos de la RAE hacen heráldica castellana. Lamentable, pero es así. 

Mi interés por Cid venía por que estaba buscando cuáles de los apellidos españoles más comunes podían ser originarios de Castilla. Y haberlos hailos, pero no son demasiado frecuentes. Menos de lo que esperaba. Por ejemplo, Díaz, el apellido del Cid Campeador, es un apellido astur-lucense. Y hasta el nombre de Rodrigo es en realidad la versión recastellanizada de su verdadero nombre: Ruy, o sea Rui, que así se conserva en portugués. Ruy era su nombre real, con el que era conocido, aunque su latinizado fuese Roderico

A ver, que quede claro. Ruy Díaz de Vivar era, pues eso, de Vivar, actual provincia de Burgos. O sea, que fue un noble castellano del siglo XI. Nadie dice que fuera de Lugo. Pero tanto su nombre de pila como su apellido tenía un origen galaico-astur, que era entonces el centro político y cultural de la cristiandad hispana. 

En la entrada anterior identifiqué los primeros, si bien dudosos, apellidos castellanos: Martínez y Gómez, que son el 6º y el 10º más frecuentes en España (19,8 y 11,6 por mil).  


El probelma en ambos casos es similar, y es que aparecen frecuencias altas en varias provincias del norte: León y La Rioja en el caso de Martínez, Cantabria y Ourense en el caso de Gómez. 

Gomes es un apellido habitual en Portugal, y su expansión en España tira más al oeste que al este. Luego es más fácil que sea de origen galaico que castellano. Aún así, podría ser simplemente común a todos los reinos. 

Martines, en cambio, es un apellido raro raro en Portugal, y en España parece más extendido hacia el este. Así que apunta más a un origen castellano. La cosa, sin embargo, se complica con Martin. La antroponimia, que es la ciencia de los nombres y que usa ese nombre para diferenciarse de la heráldica, que son simples sacacuartos, pone siempre Martínez como ejemplo de nombre derivado de Martín-ez, o sea: hijo de Martín. Y ahí tenéis la distribución del nombre de Martín, es especialmente común en las provincias de Salamanca, Ávila y Segovia, las Extremaduras Leonesa y Castellana.


Es muy curioso, porque donde perdura el apellido Martín, apenas hay Martínez, y sumados Martín+Martínez, resulta que donde más abunda es en Ávila y Salamanca, superando frecuencias de nada menos que el 7 %. Lo siento, INEbase no me permite poner el mapa conjunto. En cualquier caso, la secuencia parece ser: 

1.- aparece el nombre/apellido Martín en las provincias transdurioenses leonesas y castellanas, 
2.- se extiende desde allí al norte del Duero como Martínez, 
3.- y más tarde hacia el sureste, pero ya acompañando a la reconquista castellana.

Una historia fascinante y muy relacionada con los sucesos que dieron a Castilla la hegemonía peninsular en detrimento de Galicia y Asturias-León. Otro día me entretendré en ello. Seguro. Pero ahora sigo. 

El primer apellido inequívocamente castellano es Ruíz, es el 12º apellido más común de España, con una frecuencia del 7,8 por mil. 

La distribución de apellido es clara, con un núcleo original al norte, entre Cantabria y Burgos, y otro al sur, en el que el apellido se extendió de mano de la conquista cristiana de Andalucía, liderada política y culturalmente por el reino de Castilla. Abajo, para comparar, señalo un mapa que muestra la expansión del castellano en la península durante la Edad Media. 


El siguiente de los apellidos castellanos es Gutierrez, ya en el puesto 20º en la lista de los más comunes de España, aunque parece haber quedado restringido al norte, justo entre Castilla y León.   


Sigue a Gutierrez el apellido Sanz, que en todas sus variantes: Sáez, Sáenz, Sáiz y Sáinz, sumaría unos 170.000 españoles (primer apellido) y estaría en el puesto 22º, con una frecuencia media en torno al 4 por mil. 


Y tras los Sanz, el siguiente apellido castellano más común en España es Ortega, en el puesto 32 (primer apellido). 

En el puesto 37 se encuentra el apellido Ortiz, con 100.832 españoles que lo tienen de primer apellido y unos 102.103 de segundo. 

 
La lista de apellidos sigue, claro; nada menos que 5.000 apellidos saca el listado de INebase, pero a partir del nº 38 ya con menos de cien mil españoles. Aquí lo dejo.

El listado de 5000 apellidos de INEbase (por provincias de nacimiento) suma 35,5 millones de españoles. Los datos son del Padrón y está actualizado a enero de 2012. 

13,5 millones de españoles tienen alguno de los 37 apellidos más comunes como primer apellido. Esto es uno de cada tres españoles (41,5 según el padrón, más casi seis millones de extranjeros residentes). Un 55 % de los españoles tiene uno de estos apellidos como primero o segundo. 

De los 37 más apellidos más comunes, pueden considerarse de origen castellano de pura cepa (núcleo central de Cantabria, Burgos, Álava, La Rioja y Soria) cinco: Ruíz, Gutierrez, Sanz en sus distintas variantes,  Ortega y Ortiz.