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domingo, 17 de noviembre de 2013

9.- Madrid Big Data. Cuando la capital es un lastre económico y social.

En una entrada anterior traté el desastre económico que fue y es sistema radial de transportes en España. En resumen, el argumento principal contra este sistema radial es que desde hace siglos el crecimiento económico en España ha sido periférico, y que el sistema radial no ha tenido otra función que la de trasvasar los beneficios de este crecimiento a la capital, es decir, ha sido una capitalización por vía política y militar de la economía. Un robo, vamos, a punta de pistola y Decreto-Ley.  

Pero éste es el país del Empecinado, del erer que erre, del dontacredanismo, del sostenella y no enmedalla, del que resiste gana. Así que seguimos igual. Ahora, los amamantados de la capital nos dicen que Madrid, a la que el historiador y académico Chueca Goitia llamó sanguijuela de Castilla, es el motor económico de España. Y se quedan tan anchos. 

Decía en la entrada anterior también que otros se empeñan en comparar París con Madrid, o incluso con Londres, e invirtiendo los factores pretenden hacer de España Francia a costa de malcopiar Paris en Madrid. Pero claro, ni una cosa ni la otra. pero ni Londres ni Paris son Madrid. 

Y para mostrar lo lejos que Madrid está de ser un Londres o un Paris español, por mucho que se empecinen y nos empeñen a todos los españoles, voy a usar eso tan de moda que es el big data. Unos grandes datos muy asequibles, muy de andar por casa, gentileza, como no, de Google Trends. 

La tabla siguiente muestra la estadística de búsquedas en Google por ciudades de las cinco palabras/herramienta que hoy dominan internet: facebook, google, twitter, skype, linkedin, en España, Reino Unido y Francia.  Los valores son relativos, siendo siempre de 100 en la ciudad de cada país en la que esa palabra es más utilizada y las demás son valoradas en relación a ella.  

Los resultados son inapelables. En Francia, Paris lidera cuatro de las cinco categorías y solo se cae en las búsquedas relativas a la red social Facebook. En Reino Unido Londres lidera tres de los cinco términos y aparece de tercero en el canal Twitter. Madrid tan solo aparece en segundo lugar en las búsquedas de Google y Linkedin, la red profesional. Las búsquedas relativas a esta herramienta de empleo, negocios y contactos profesioanles son muy significativas, porque tanto en Francia como en Reino Unido son las que muestran las más significativa concentración en las capitales, reflejando el liderato económico natural de estas ciudades. En Reino Unido, además de Londres, destacan en la búsqueda de Linkedin las ciudades universitarias como Oxford, Cambridge o Reading. En España, en cambio, Madrid aparece en segundo lugar y no muy lejos de Pamplona o Vigo, en apariencia ciudades de empuje económico mucho más modesto que la orgullosa capital. 

Google Trends también opfrece la geografía de búsquedas representadas en mapas, que permiten advertir en un vistazo que, en efecto, en España, Paris está en la costa,  y a lo que parece está sobre todo en la costa Mediterránea. Y tampoco me quedaré sin comentar la extraordinaria concentración del uso de Twitter en Andalucía. Cosa digna de atención.




Para terminar, pues big data de big data, o sea, geografía de la búsqueda de big data en los tres países. Los resultados, pues un poco más de lo mismo.


miércoles, 13 de noviembre de 2013

7.- En España, París está en la costa

Cuando trato de explicar lo perjudicial que ha sido Madrid y su impuesto centralismo para España mucha gente me recuerda que París es una capital tanto o más centralista que Madrid y a Francia no le ha ido del todo mal. 

De hecho, desde que Felipe V se instalara en Madrid, ha habido una permanente voluntad -eso sí, pagada por todos los españoles- por recrear Madrid al modo de París, e incluso muchos han creído que haciendo esto España se transformaría, por arte de birlibirloque, en una nueva Francia. El resultado de este tipo de modernización por la vía de las apariencias resulta tan ilusorio como ruinoso. 

Pero a lo que iba. El caso es que ni España es Francia, ni Madrid será nunca París. Las condiciones geográficas, sociales o económicas han sido incomparables y el centralismo de Paris en Francia no se entiende  bien en España y se copia mal. París sirvió a Francia como capital porque el país convergía en la capital de forma natural. A finales del XVIII, cuando irrumpió la modernidad, la ciudad, industriosa y comercial, burguesa, tenía una cultura favorable a las innovaciones y supo liderar el cambio político y social que preparó a Francia para la revolución industrial y la democracia parlamentario. Y una cosa que en España nunca se advierte: París, como Londres, es un puerto. Todavía hoy. 



La situación de Madrid era completamente distinta. Desde el siglo XVI, el interior peninsular vivió una decadencia respecto de las zonas costeras que solo salvó a la capital gracias a las rentas de la Corte. Pero comenzado el siglo XIX Madrid era una sede cortesana y nada más. Un capital cuya cultura era servir al rey y a su corte. En Madrid había señores y siervos, y poco más. Desde luego no era un gran bagaje para liderar un país moderno.

A mediados del siglo XIX, con dos décadas de retraso respecto de Francia, en España comenzaron a desarrollarse los primeros proyectos de ferrocarril. Eran proyectos que servían a intereses locales, en zonas donde la densidad de población y el desarrollo económico justificaba las inversiones y estaban adaptados a las limitadas capacidades técnicas y de capital. Estos primeros proyectos eran pequeños, pero razonables, en una palabra, viables, y podían servir como germen de una red que acabase por integrar el país a base de añadir nuevos tramos a partir de estos nodos:

Barcelona - Mataró: Para servir a la incipiente industria textil y el comercio.

Jerez - Puerto de Santa María: Para exportar los vinos de Jerez a Inglaterra.

Gijón - Langreo: Para dar salida al mar a los carbones asturianos.



Es evidente. Todos estos proyectos se iniciaban cerca de puertos, respondían a un interés industrial o comercial y planteaban rutas de menos de 50 km. Era un buen comienzo. Lento, quizá, pero bueno. Sin embargo, ya en sus inicios, Madrid hizo valer su capitalidad y rompió esta dinámica virtuosa planteando una ruta de 350 km, inasumible sin el recurso a los caudales del Estado, recurso que se tomó con creces, pues en este negocio estaban involucrados exministros y la parentela real. Fue un pelotazo y un escándalo mayúsculo. ¿Os suena?

En su principio y su final, la vía Madrid Valencia tenía un cierto sentido económico, comunicar la poblada huerta valenciana y dar salida al mar a sus productos y comunicar Madrid con Aranjuez, donde veraneaba la Corte, y también transportar los productos de la huerta de Aranjuez a Madrid. Pero el cierre de línea atravesaba un páramo económico. Sin embargo, la política dictada por los gobiernos de la capital España fue multiplicar estas enormes líneas con la excusa de estructurar el país. Así se hizo. 



Los gobiernos militares de España hicieron de Madrid un nodo ferroviario como era París en Francia con la excusa de los altos intereses nacionales, pero al hacerlo así solo servían a los intereses de una capital aislada a 400 km de la costa, endeudando el país hasta la ruina y comprometiendo el desarrollo industrial para el resto del siglo. 

Además, las radiales impidieron que el país quedara de verdad estructurado, aislando unas zonas de otras al primar las conexiones con Madrid. por ejemplo, Andalucía quedó aislada del Levante, igual que toda la costa norte peninsular. 


Y lo peor es que siglo y medio después seguimos igual, aplicando el mismo patrón. En los últimos 25 años el gobierno español ha construido la segunda mayor red de alta velocidad ferroviaria del mundo, y sin duda la más ruinosa e inútil, pues solo sirve para ir y venir de Madrid.  



Mientras, la autovía del Cantábrico, planteada también hace 25 años, una infraestructura básica para España pero que no interesa a Madrid, sigue todavía en construcción, y el doble corredor Mediterráneo y Atlántico, que es la opción elegida por la UE y que cuenta con su apoyo financiero para vertebrar la red transeuropea de transportes, duerme el sueño de los justos porque no sigue el patrón central de Madrid.