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domingo, 20 de octubre de 2019

170. Crisis y ventanas de oportunidad. 15M, Gilets Jaunes, Cataluña.

Bueno, pues respondiendo a mis dudas, el regreso de los Gilets Jaunes en septiembre no llegó ni a fin de mes; pinchó la cuarta semana y Macron vuelve a ser el dueño indiscutible de Francia.

Si vemos lo ocurrido en el último año, el interés por el movimiento en tuiter adquiere este aspecto:

Un aspecto que no es muy distinto por ejemplo, del interés por el 15M o los indignados de mayo de 2011 a mayo de 2012:

O que el interés por la independencia o el independentismo entre agosto de 2017 y 2018:


El patrón es muy similar en todas ellas, y la duración del 'evento de interés' no pasa de tres meses, quedando luego muy disminuido el número de búsquedas y, lo que es más importante, aparentemente quemado el concepto, que ya no vuelve a servir como motivo o consigna.
Por supuesto, esos tres meses pueden entenderse como el tiempo en el que la gente asimila la novedad y se posiciona, la integra en sus vidas, la normaliza y ya no tiene necesidad de hacer más búsquedas sobre ella, lo que no quiera decir que siga operando. Por ejemplo, las búsquedas de 'crisis' formaron un evento de 18 meses, de febrero de 2008 a julio de 2009, mientras que la crisis, por supuesto, siguió aunque la gente se cansara de buscar sus razones en Google. 

De cualquier modo la cuestión es interesante por aquello de las 'ventanas de oportunidad', sobre las que hice una pequeña entrada a propósito de los G-J y su relación con los estados de insatisfacción (económica o política), sobre lo que también hice una entradilla hace algo más de un año y que, en definitiva, son la sustancia misma de la crisis. 

En resumen: tenemos una crisis de fondo, que se expresa a través de sucesivos (e independientes) eventos económicos o políticos, pero que se mide en la disociación entre expectativas y realidad percibida. 


No reconstruiré aquí la historia de la crisis que arrastramos desde 2008 ni hablaré de cómo llegamos a esos estados de insatisfacción (algo hay en este hilo de tuiter). La cuestión práctica es que las 'ventanas de oportunidad' que saltan y se abren son las formas sociales de afrontar esa insatisfacción general. La resolución de las crisis requieren una expresión y un discurso, que por supuesto se agota pronto y que debe ser reelaborado. cada una de estas reelaboraciones se constituye como una 'ventana de oportunidad'. La razón profunda de este agotamiento entiendo que es la limitada capacidad de expresión de esos eventos para incidir en la diversidad de causas y formas de la insatisfacción. Pero lo que ofrece el evento (ventana) es una posibilidad (oportunidad) de cambio en la situación tanto como en las expectativas, y estas expectativas son un estado perceptivo (emocional e intelectual, todo-uno) que unifica y da sentido a las sucesivos eventos. 

Las elecciones funcionan también como ventanas de oportunidad, pero son eventos programados, previsibles, tecnificados, y que por tanto estabilizadores del sistema. Son por tanto una vía ya no solo democrática (que sí), sino civilizatoria y técnocrática de adaptación y estabilidad a largo plazo, (y aquí, supongo que lo veis, hay mucha tela q cortar).

Bien, no diré más que siempre hay y habrá eventos fuera de las elecciones. No todo es previsible. Pero cuando las elecciones se repiten sin que el resultado aporte estabilidad alguna es que: ATENCIÓN!!! tenemos un FALLO SISTÉMICO!!!

Y para rematar, atentos al último gráfico. Estamos a punto de acabar el gran periodo de insatisfacción económica iniciado en 2008. ¿Significa que los probleas económicos terminaron? Pues no, para nada, pero quizá la gente ya se ha hecho a la idea de la precariedad. Sea como sea lo que quiero señalar es que la insatisfacción política se resiste a menguar, y la insatisfacción es muy contagiosa. A largo plazo, in/satisfacción política y economía tienen que ir a la par. Y aquí lo dejo..

viernes, 12 de julio de 2013

5.- El latido político


Hay tres tipos de personas, las que saben contar y las que no. (Es un chiste)

Hoy seguiré con las dos Españas en su versión política, que conforme al chiste son: la España interior, la costera y la eterna, esa España de las esencias, ibérica, cerril y numantina que se articula en torno a Navarra. Otro día trataré de explicar en qué consiste esta España eterna. Hoy vamos a lo que vamos. 

En 1976 se inscribieron en España los primeros partidos políticos de la democracia. Para que lo sepáis, según el registro de partidos del Ministerio del Interior, el primero en hacerlo fue Falange Española de las JONS. El hecho explica muchas cosas de lo que fue la transición -un lavado de cara del régimen franquista- y los problemas de hoy que hoy padecemos. Como síntoma de lo que vino después, otra perla: UCD aparece registrada el 12 de agosto de 1977, es decir, casi dos meses después de las elecciones que ganó el partido por el que se presentaba el gobierno de España. Si esto no es un error del MIR, resulta que las primeras elecciones no solo habrían sido fraudulentas, habrían sido nulas de derecho. Es la democracia-chapuza española.  

Bueno, pues el asunto es que en España, desde aquel lejano 1976, se han inscrito más de cuatro mil partidos políticos. Y desde 1986 la mayor parte de los partidos inscritos lo fueron en el año previo de las municipales para servir a proyectos políticos de interés local.


Desde 1986, una vez se cerró el pacto bipartidista PP-PSOE con los penosos resultados que padecemos, el pulso político en España tuvo un claro ritmo local, con mucha gente con ganas de hacer una política independiente y distinta desde sus propias localidades. El hastío político de los españoles por el fraude del bipartidismo ha hecho que la política local sea mucho más interesante, incluso en Google, donde las búsquedas de elecciones municipales+eleccions municipals (en rojo) superan ampliamente a las de elecciones generales+eleccions generals (amarillo). Por cierto, la línea azul son las búsquedas de 15M, que  fue un fenómeno político ligado a ese activismo y participación política ciudadana y local. 



Por desgracia, ninguno de estos proyectos políticos ciudadanos locales tuvo mucho éxito, ya que el gran pacto PP-PSOE mantuvo el control de la totalidad de las grandes ciudades españolas y capitales de provincia.

De cualquier modo, el activismo político local no fue homogéneo en todo el país. En la siguiente tabla señalo el número de partidos inscritos en el año previo a las elecciones municipales desde 1986 por cada diez mil habitantes (del año 2000). Los resultados son elocuentes.


Los españoles de las zonas costeras crearon muchos más partidos que los de interior.  Las islas, Ceuta y Melilla, Galicia -con una población cada día más pegada a la costa- Cantabria y Cataluña crearon un partido por cada quince mil habitantes o menos. A medio camino están Andalucía -que conserva una buena población de interior-, Extremadura, Madrid -esa isla interior que tan cara nos sale a los españoles-  Asturias y Murcia, provincias costeras con capitales no portuarias. En las dos Castillas (incluido León, aunque un duende informático lo ha vuelto gris) fue necesario juntar a treinta mil personas para formar un partido político municipal. Y por último, la España eterna, esa cuña entre el sistema Ibérico y los Pirineos en la que solo se creó un partido político por cada sesenta mil personas nada menos.


Otro día si tengo ganas prepararé datos provinciales.