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viernes, 26 de diciembre de 2014

46. - El plan de Mola: la Guerra Civil fue un gigantesco cerco.

La guerra civil española duró, de forma oficial, del 18 de julio de 1936 al 1 de abril de 1939. 

Durante estos treinta y dos meses y medio los contendientes mantuvieron un frente de batalla de cientos de kilómetros, mucho más largo que el frente occidental de la IGM y que, en consecuencia, considerando el tamaño de los ejércitos enfrentados, resultaba mucho más permeable que aquél. 


En mi opinión, fue este largo frente el que empujó a los nacionales a utilizar el terror como arma de guerra para asegurar su propia retaguardia, mucho más débil por su falta de legitimidad. Al fin y al cabo ellos eran los rebeldes, los amotinados.

Pero no es esto a lo que iba, sino a otra extraña característica de nuestra guerra civil, una particularidad que explica muchas cosas  y que, a mi entender, no ha sido demasiado bien comprendida ni advertida: que la guerra civil española fue, en realidad un larguísimo asedio, un cerco en toda regla.

El mismo 18 de julio, bandas fascistas procedentes de Segovia trataron de asegurar el túnel ferroviario de Somosierra hacia Madrid iniciando los primeros combates de la guerra en torno a la capital, pero no fue hasta el 28 de marzo de 1939 que las tropas nacionales entraron en Madrid. Tres días después, terminó la guerra. 

La guerra civil española fue una gigantesca batalla de asedio por la toma de Madrid. No hubo otro objetivo para los nacionales que tomar la capital. Una vez conquistada, se instalaron convirtiéndola en capital del Régimen, de modo que Madrid se identificó de modo definitivo con el españolismo más retrógrado. En las montañas donde quedaron clavadas las tropas nacionales hasta el final de la guerra, Franco mandó levantar el monumento que había de conmemorara su victoria: la cruz y basílica de Los Caídos. 
El caso es que Madrid fue, para los sublevados, el único objetivo estratégico del plan de Mola, la conquista de Madrid era todo el plan de guerra de la sublevación. 

El plan, absolutamente infantil, consistía en atacar Madrid desde todas las direcciones.

Como movimientos secundarios quedaban las tomas de Bilbao y Barcelona, capitales "separatistas".

Está claro que el Plan de Mola era una proyección de las fijaciones y obsesiones mentales de la derecha española: las de un país entendido como una rueda girando en torno a Madrid y las cuñas seudoespañolas -nacionalistas, dicen ahora con desprecio los herederos del Bando Nacional- merecedoras cada una de una acción punitiva específica por parte del ejército español, la garantía de unidad de la Patria. 

El plan de Mola fracasó precisamente en la periferia. Mola esperaba que la ciudad de Madrid fuese leal al gobierno legítimo de la República, pero no esperaba oposición en las provincias, salvo quizá en Barcelona o Bilbao. Sin embargo, allí donde lo que hoy se llama la sociedad civil era lo bastante fuerte como para hacer frente al poder militar, el golpe fracasó. Y toda la costa española salvo Galicia y Cádiz -no solo Barcelona y Bilbao- permaneció leal a la República española. De este modo, el cerco a Madrid desde todas las direcciones se hizo imposible, y la capital resistió treinta y dos meses, sostenida -una vez más- por toda la periferia. 


Por cierto y ya de paso: otra cuestión que se pasa por alto. En 1936, gracias a la derecha española, la Península Ibérica volvió a ser invadida por un ejérrcito africano después de siete siglos. La última había sido la conquista almohade. 


domingo, 12 de enero de 2014

18.- Piojos mediterráneos, pulgas y garrapatas atlánticas.

Una de las aplicaciones más impresionantes de Google Trends es la posibilidad de monitorizar, en tiempo real, la extensión de enfermedades epidémicas como la gripe a través de las consultas de la población.

Pues hoy haré lo mismo pero para otras epidemias con acusada temporalidad: las de piojos, pulgas y garrapatas, con el objeto de comparar su distribución geográfica. Las tres plagas son propias del verano, pero de propina añado los sabañones, para dar un ejemplo de enfermedad invernal.

El término general de picaduras me servirá en una próxima entrega para comparar con otras plagas.
la búsqueda de piojos (en azul) tiene sus picos en los meses de agosto y septiembre, aunque 2007 y 2009 mostraron un pico previo el mes de mayo.

Las búsquedas de pulgas (en rojo) en Google mostraron una ciclicidad aún mejor marcada que los piojos, con su máximo en agosto, aunque también se puede ver algunos picos previos en mayo de 2006 y 2010, en abril y junio de 2004 o en abril de 2005, e incluso un pico posterior en octubre de 2010.

En amarillo, el ciclo de las garrapatas tuvo su máximo anual en mayo, aunque varió según el año de abril a junio, e incluso a agosto (2004).

Como contraste invernal, los sabañones tuvieron sus picos entre diciembre y febrero.

En cuanto a la distribución geográfica media, aquí va:
Los piojos se extienden desde Andalucía a Cataluña por la España mediterránea, mientras que pulgas y garrapatas parasitaron a los españoles atlánticos.

Sería cuestión de comparar las temperaturas y lluvias de cada año con la frecuencia de las búsquedas, quizá se pudiera sacar alguna conclusión de interés. Pero será otro día.

Por último, los sabañones los padece la España costera, tando la mediterránea como la atlántica.

Y las picaduras pues van más de medusas y mosquitos, pero otro día será.

viernes, 12 de julio de 2013

5.- El latido político


Hay tres tipos de personas, las que saben contar y las que no. (Es un chiste)

Hoy seguiré con las dos Españas en su versión política, que conforme al chiste son: la España interior, la costera y la eterna, esa España de las esencias, ibérica, cerril y numantina que se articula en torno a Navarra. Otro día trataré de explicar en qué consiste esta España eterna. Hoy vamos a lo que vamos. 

En 1976 se inscribieron en España los primeros partidos políticos de la democracia. Para que lo sepáis, según el registro de partidos del Ministerio del Interior, el primero en hacerlo fue Falange Española de las JONS. El hecho explica muchas cosas de lo que fue la transición -un lavado de cara del régimen franquista- y los problemas de hoy que hoy padecemos. Como síntoma de lo que vino después, otra perla: UCD aparece registrada el 12 de agosto de 1977, es decir, casi dos meses después de las elecciones que ganó el partido por el que se presentaba el gobierno de España. Si esto no es un error del MIR, resulta que las primeras elecciones no solo habrían sido fraudulentas, habrían sido nulas de derecho. Es la democracia-chapuza española.  

Bueno, pues el asunto es que en España, desde aquel lejano 1976, se han inscrito más de cuatro mil partidos políticos. Y desde 1986 la mayor parte de los partidos inscritos lo fueron en el año previo de las municipales para servir a proyectos políticos de interés local.


Desde 1986, una vez se cerró el pacto bipartidista PP-PSOE con los penosos resultados que padecemos, el pulso político en España tuvo un claro ritmo local, con mucha gente con ganas de hacer una política independiente y distinta desde sus propias localidades. El hastío político de los españoles por el fraude del bipartidismo ha hecho que la política local sea mucho más interesante, incluso en Google, donde las búsquedas de elecciones municipales+eleccions municipals (en rojo) superan ampliamente a las de elecciones generales+eleccions generals (amarillo). Por cierto, la línea azul son las búsquedas de 15M, que  fue un fenómeno político ligado a ese activismo y participación política ciudadana y local. 



Por desgracia, ninguno de estos proyectos políticos ciudadanos locales tuvo mucho éxito, ya que el gran pacto PP-PSOE mantuvo el control de la totalidad de las grandes ciudades españolas y capitales de provincia.

De cualquier modo, el activismo político local no fue homogéneo en todo el país. En la siguiente tabla señalo el número de partidos inscritos en el año previo a las elecciones municipales desde 1986 por cada diez mil habitantes (del año 2000). Los resultados son elocuentes.


Los españoles de las zonas costeras crearon muchos más partidos que los de interior.  Las islas, Ceuta y Melilla, Galicia -con una población cada día más pegada a la costa- Cantabria y Cataluña crearon un partido por cada quince mil habitantes o menos. A medio camino están Andalucía -que conserva una buena población de interior-, Extremadura, Madrid -esa isla interior que tan cara nos sale a los españoles-  Asturias y Murcia, provincias costeras con capitales no portuarias. En las dos Castillas (incluido León, aunque un duende informático lo ha vuelto gris) fue necesario juntar a treinta mil personas para formar un partido político municipal. Y por último, la España eterna, esa cuña entre el sistema Ibérico y los Pirineos en la que solo se creó un partido político por cada sesenta mil personas nada menos.


Otro día si tengo ganas prepararé datos provinciales. 



martes, 2 de julio de 2013

3.- La decimonónica España provinciana.

En 1833, el dramaturgo, poeta y ministro de Fomento Javier de Burgos firmaba el Real Decreto por el que se dividía la administración española en provincias. Los supuestos para la división, que pretendía racionalizar la administración y acercarla al ciudadano fueron los siguientes: 

  • Las provincias debían tener poblaciones semejantes. 
  • Las capitales de provincia debían encontrase a no más de un día de camino de cualquier punto de la provincia.

En 1857, el primer censo de España tras la división provincial, Barcelona que era la provincia más poblada, tenía siete veces más población que Álava, la más pequeña y menos poblada. Hacia 1975 la provincia de Madrid se convirtió por primera vez en la más poblada de España y multiplicaba por cuarenta la población de Soria. En 2008, Madrid tenía ya sesenta y seis veces más población que Soria. 

Multiplicación de la densidad de población provincial entre 1857 y 2008. (Provincias en blanco: 0 a 2; gris claro 2 a 4; gris medio: 4 a 6; gris oscuro: 6 a 8; Gran Canaria: 11,4; Madrid: 13,2)

A pesar de la total disfuncionalidad de la división provincial, planeada en una España que viajaba a lomos de burros y carretas, anterior incluso al ferrocarril, la división provincial se mantiene fosilizada en la estructura del estado español hasta hoy día pues desde bien pronto se demostró una eficaz herramienta del centralismo madrileño. Durante la Restauración los gobiernos amañaban desde Madrid los resultados electorales conforme a sus intereses a través de los gobernadores civiles, diputaciones y caciques provinciales. En 1977, la Ley electoral que propició los desmanes que hoy padecemos instituyó la circunscripción provincial para que la UCD ganara las elecciones. 

Hoy las provincias son un costosísimo relicto administrativo que no sirve más que para extender el clientelismo de los partidos, la corrupción e imponer desde Madrid un país que no existe desde hace mucho tiempo, si alguna vez llegó a existir de verdad. El último episodio de esta visión provinciano-madrileña de España en total desprecio de la realidad y de los españoles es el intento por parte del ministro Gallardón de suprimir el partido judicial de Vigo integrándolo en el de Pontevedra para racionalizar la administración. Este ministro Gallardón es otro buen ejemplo de un centralismo político que desde hace tres siglos y medio alterna su estupidez con el crimen para gobernar España en su exclusivo beneficio.